Si te ha gustado, COMPARTE

El Real Madrid se despidió de la Champions con dignidad en Múnich, pero sin milagro. Cayó ante el Bayern de Múnich en un partido caótico, vibrante y cruel, condicionado de forma decisiva por la polémica actuación del árbitro Slavko Vinčić. El 2-3 final no evitó la eliminación, pero sí dejó una última imagen competitiva de un equipo que ha vivido muy lejos de su nivel durante toda la temporada.

No hay milagros cada año. El Madrid, aferrado a la fe y a su historia, dijo adiós en abril a la única tabla de salvación de un curso decepcionante. Y lo hizo en un partido mucho más grande que su temporada: valiente, abierto y lleno de alternativas, en el que llegó a ponerse por delante hasta en tres ocasiones y a igualar la eliminatoria.

El inicio fue un golpe inmediato. Apenas habían pasado 35 segundos cuando Manuel Neuer, héroe en la ida, cometió un error impropio de su categoría. Su intento de salida en corto acabó en los pies de Arda Güler, que no dudó: zurdazo lejano, preciso, y 0-1. La eliminatoria, igualada en un suspiro.

Pero el partido no iba a dar tregua. El Bayern respondió rápido, como si el gol encajara en el guion del intercambio de golpes. Un córner cerrado de Kimmich sembró el caos: Lunin dudó, Pavlovic apareció y el empate subió al marcador. Todo volvía a empezar.

Lejos de encogerse, el Madrid insistió. Encontró en Arda una fuente de talento y en las transiciones su mejor argumento. Pasada la media hora, una falta en la frontal volvió a cambiarlo todo. El propio Arda ejecutó con precisión quirúrgica, superando a Neuer para poner el 1-2. De nuevo empate en la eliminatoria.

Otra vez, la alegría fue efímera. El Bayern encontró espacios por los costados, castigó la fragilidad defensiva blanca y Harry Kane, completamente solo, igualó el encuentro. Era un intercambio constante de errores y aciertos, de golpes sin control.

Antes del descanso, el Madrid volvió a golpear. En una jugada bien trenzada, Mbappé apareció en el área para culminar y firmar el 2-3. El partido era una locura. Cada ataque parecía medio gol, cada córner, una amenaza.

Tras el paso por vestuarios, el ritmo no bajó. El Bayern apretó, el Madrid resistió y también tuvo ocasiones claras para sentenciar. Mbappé rozó el gol en una volea salvada por Neuer, y poco después desperdició una contra clarísima con Vinicius solo para empujarla.

El desgaste empezó a pesar. Los errores se multiplicaron y el partido quedó a merced de un detalle. Y ese detalle llegó en forma de decisión arbitral. Camavinga, que ya tenía amarilla, cometió una falta y, en un gesto infantil, retrasó el saque rival. Vinčić no dudó: segunda amarilla y expulsión. Una decisión rigurosa, pero devastadora.

Con uno menos, el Madrid quedó expuesto. El Bayern aprovechó el momento. Luis Díaz encontró el gol tras una acción afortunada, con desvío incluido, que descolocó a Lunin. Ya en el descuento, Olise cerró el partido y la eliminatoria.

El final fue cruel para un Madrid que compitió mejor de lo esperado en Múnich, pero que paga una temporada llena de irregularidad, falta de intensidad y desconexiones colectivas. Ni el talento individual ni los destellos en noches grandes han sido suficientes.

La Champions, refugio habitual del madridismo, se apaga demasiado pronto. Y lo hace dejando una sensación clara: este equipo pudo ser mucho más de lo que ha sido. Se avecinan días difíciles en el Bernabéu.