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El derbi en Mendizorroza tuvo de todo: tensión, lluvia, parones, giros de guion… y un final desatado que convirtió una tarde complicada en una celebración total para el Athletic Club. Porque lo que parecía otro capítulo gris terminó siendo una remontada de carácter, de esas que cambian el ánimo de un equipo. Y en el centro de todo, una vez más, Nico Williams.

El Deportivo Alavés salió como se espera en un partido de supervivencia: intenso, directo y sin especular. No tardó en encontrar premio. A los ocho minutos, Antonio Blanco conectó un disparo impecable que encendió el estadio. Gol temprano, confianza arriba y un rival que no terminaba de encontrarse. El Athletic, espeso, sin continuidad, parecía moverse más por impulsos que por ideas. El plan era simple: balón a Nico y esperar.

Durante la primera mitad, el Alavés manejó mejor los tiempos. Supo cerrar espacios, incomodar y jugar con la ansiedad de un Athletic que necesitaba reaccionar pero no sabía cómo. El partido se rompía a ratos, sin demasiado ritmo, pero siempre con la sensación de que los locales estaban más cómodos dentro de ese caos controlado.

Tras el descanso, sin embargo, cambió el tono. Los ajustes del Athletic se notaron enseguida: más ritmo, más presencia en campo rival, más intención. En apenas unos minutos, el partido ofreció más que toda la primera mitad. Avisó primero el Alavés, pero en la jugada siguiente llegó el empate. Robert Navarro recogió un balón suelto y lo mandó dentro. Un gol algo sucio, pero que cambió el ánimo del encuentro.

El golpe afectó al Alavés, que por momentos perdió esa seguridad inicial. El Athletic empezó a crecer, a empujar, a creérselo. Pero cuando mejor parecían los visitantes, llegó otro giro inesperado. En medio de la lluvia y tras una interrupción por problemas en la iluminación, el partido entró en una fase todavía más desordenada. Y ahí, el más listo fue Nahuel Tenaglia, que aprovechó un córner para hacer el 2-1.

Otra vez por detrás. Otra vez dudas. Pero esta vez, el Athletic no se vino abajo. Respondió con carácter. Oihan Sancetapareció en la frontal, con tiempo y claridad, para firmar el empate con uno de esos disparos suyos, medido y sin prisa. El partido estaba completamente abierto.

Y entonces llegó el momento de los jugadores diferenciales. Nico, que había sido durante todo el partido el recurso constante, decidió ser también el desenlace. Primero, el 2-3: una jugada llena de pausa y talento, moviéndose dentro del área hasta encontrar el espacio perfecto para golpear. La celebración fue un estallido. Banquillo, campo, todo el equipo liberando tensión.

El Alavés, tocado, intentó reaccionar, pero ya estaba a merced del vendaval. Y Nico volvió a aparecer. Carrera al espacio, error defensivo y definición para el 2-4. Partido sentenciado.

De la incertidumbre a la euforia en cuestión de minutos. El Athletic no solo remontó: se reencontró consigo mismo, con su orgullo y con la sensación de que todavía puede aspirar a algo más en el tramo final. El Alavés, en cambio, se quedó con una derrota dura, de las que pesan, después de haber tenido el partido controlado en dos ocasiones.

Una tarde de tormenta en Vitoria… que acabó siendo un huracán rojiblanco.