España 0-0 Corea del Norte (4-3 en penaltis)
Estadio Miejski ŁKS, Łódź (Polonia) | 27 de septiembre de 2026.
Hay partidos que se ganan con goles. Y hay otros que se ganan con carácter, paciencia, resistencia y fe.
España vuelve a ser campeona del mundo. La Rojita conquistó su segundo Mundial Sub-20 después de imponerse a Corea del Norte en una interminable tanda de penaltis, tras 120 minutos sin goles. Cuatro años después del título conquistado en Costa Rica, la generación dirigida por David Aznar vuelve a escribir su nombre en la historia.
Y esta vez tuvo que hacerlo desde los once metros.
Una final de máxima exigencia
Desde el primer minuto quedó claro que no iba a ser una final sencilla. Corea del Norte, vigente campeona del mundo, planteó un encuentro tremendamente competitivo y volvió a demostrar por qué había llegado hasta Łódź sin recibir un solo gol durante todo el campeonato.
España trató de hacerse con el control y encontró en Pau Comendador y Alba Cerrato dos de sus principales argumentos ofensivos. La Rojita buscaba espacios ante una defensa muy cerrada, mientras Corea esperaba su oportunidad para salir con velocidad.
Laia López también tuvo que intervenir. En la primera mitad, la guardameta española apareció con una acción decisiva para evitar que Ho Kyong adelantase al conjunto asiático.
El marcador no se movió.
España apretó, pero el gol se resistió.
Tras el descanso, España dio un paso al frente. Las de David Aznar comenzaron a acumular más presencia cerca del área rival y buscaron con insistencia una grieta en el muro norcoreano.
La ocasión más clara llegó en el minuto 78. Pau Comendador recibió y probó fortuna, obligando a la guardameta Pak Ju-Gyong a realizar una magnífica intervención.
El partido entraba en su tramo definitivo y el gol seguía sin aparecer.
Ni España ni Corea del Norte encontraron la manera de romper el equilibrio. El tiempo reglamentario terminó con empate a cero y la final se marchó a la prórroga.
La prórroga tampoco decidió a la campeona.
Los minutos comenzaron a pesar en las piernas, pero España siguió buscando el título.
La entrada de Marisa García aportó frescura al ataque y la delantera tuvo dos buenas oportunidades durante la prórroga, ambas respondidas de manera extraordinaria por Pak Ju-Gyong.
La portería norcoreana parecía inexpugnable.
120 minutos después del pitido inicial, todo quedaba en manos de los penaltis.
Y apareció Laia López…
Entonces llegó el momento que cambió la historia de esta final.
La tanda avanzaba bajo una tensión máxima. Cada lanzamiento podía significar la gloria o el adiós. Y bajo los palos estaba Laia López.
La guardameta española se convirtió en gigante.
Primero detuvo un lanzamiento de Choe Yon-A. Después volvió a aparecer para detener el quinto penalti norcoreano, lanzado por Pak Il-Sim.
Dos paradas.
Dos intervenciones que valieron un Mundial.
España convirtió sus lanzamientos y terminó imponiéndose 4-3 en la tanda de penaltis.
Cuando llegó el último lanzamiento, el banquillo español saltó al césped. Las jugadoras se fundieron en abrazos mientras las lágrimas comenzaban a aparecer.
La Rojita era campeona del mundo.
Una generación que vuelve a hacer historia.
El triunfo tiene además un significado especial para muchas de estas futbolistas. Varias de ellas formaron parte de aquella selección Sub-17 que perdió ante Corea del Norte en la final del Mundial de 2024 también en la tanda de penaltis.
Dos años después, la historia les ofreció una nueva oportunidad.
Y esta vez el desenlace fue diferente.
La capitana Cristina Librán fue la encargada de levantar al cielo de Łódź un trofeo que vuelve a teñirse de rojo.
España recupera así la corona mundial Sub-20 que conquistó en 2022 y suma su segunda estrella en la categoría. Además, lo hace después de completar un torneo invicto.
El futuro del fútbol español vuelve a brillar.
Esta generación vuelve a demostrar que el fútbol femenino español continúa produciendo talento, personalidad y futbolistas capaces de competir por todo.
No fue una final de grandes goleadas. No hubo lluvia de goles ni un desenlace sencillo.
Hubo algo distinto;
Resistencia.
Personalidad.
Fe.
Y una portera que decidió que aquella Copa del Mundo tenía que viajar a España.
Laia López se convirtió en la heroína de la noche, pero el trofeo pertenece a todo un equipo. A las jugadoras que resistieron durante 120 minutos, al cuerpo técnico que las llevó hasta allí y a una generación que vuelve a colocar a España en lo más alto.
En Łódź, la Rojita volvió a tocar el cielo.
España es bicampeona del mundo Sub-20.
Y el futuro vuelve a tener acento español.




