Orgullo azul entre el caos: el Oviedo resiste con nueve ante el Getafe y aplaza el descenso

El Carlos Tartiere no dictó sentencia definitiva, pero sí confirmó una realidad que lleva semanas instalada alrededor del Real Oviedo: este equipo está condenado por sus errores, aunque no por falta de orgullo. El empate sin goles ante el Getafe CF evitó el descenso matemático de los azules y dejó una de las imágenes más competitivas del curso, resistiendo durante muchos minutos con nueve futbolistas en una tarde marcada por el VAR, las decisiones de Soto Grado y la frustración acumulada de toda una temporada.
El partido arrancó exactamente donde quería el Getafe. Ritmo bajo, mucho duelo, juego directo y escasas ocasiones. El conjunto de Bordalás llevó el encuentro a ese terreno áspero en el que se siente cómodo y el Oviedo, quizá atenazado por la situación, aceptó el intercambio. Durante gran parte del primer tiempo apenas ocurrió nada reseñable más allá de interrupciones, disputas y un fútbol espeso que reflejaba perfectamente el momento emocional de ambos equipos.
Aun así, la ocasión más clara del primer acto fue local. Hassan apareció por la derecha con una de esas conducciones que tanto se habían echado de menos durante la temporada, dejó atrás a su marcador y puso un centro preciso para la llegada de Chaira. El disparo del atacante azul se estrelló en el palo cuando el Tartiere ya cantaba el gol. Fue prácticamente el único destello ofensivo de un Oviedo incómodo, incapaz de darle continuidad al juego y demasiado sometido al ritmo físico del rival.
El Getafe tampoco generó demasiado, pero sí logró instalar el partido cerca del área de Aarón Escandell. Davinchi y Mario Martín probaron fortuna desde fuera del área y el guardameta oviedista respondió con solvencia en ambas acciones. A balón parado y en segundas jugadas llegaron las aproximaciones visitantes, suficientes para transmitir sensación de peligro ante un Oviedo demasiado contenido.
La tarde cambió por completo tras el descanso. A los pocos minutos llegó la primera gran polémica. Javi López vio inicialmente amarilla por una entrada sobre Juan Iglesias, pero Figueroa Vázquez llamó a Soto Grado desde el VAR. Tras revisar la acción en el monitor, el colegiado cambió su decisión y mostró la roja directa. El Tartiere estalló ante una decisión difícil de entender y que condicionó por completo el encuentro.
Lejos de hundirse, el Oviedo reaccionó con carácter. El equipo se ordenó, defendió con agresividad y encontró en Santi Cazorla un pequeño faro en medio del caos. El capitán entró en la segunda mitad y el estadio volvió a rendirse a su figura, consciente de que podría estar viviendo sus últimos partidos en casa con la camiseta azul. Desde sus botas nacieron los mejores momentos locales en un contexto ya completamente emocional.
El Getafe, obligado por su pelea europea y favorecido por la superioridad numérica, empezó a acumular llegadas. Arambarri rozó el gol de cabeza y Sancris obligó a Escandell a intervenir en una peligrosa falta directa. Pero cuando parecía que el Oviedo resistía con cierta entereza, llegó una nueva decisión arbitral que terminó de incendiar el encuentro.
Kwasi Sibo entró con dureza a una disputa en el centro del campo y Soto Grado dejó seguir la jugada. Sin embargo, el VAR volvió a intervenir. Nueva revisión en el monitor y nueva roja directa para el conjunto azul. El Oviedo se quedaba con nueve jugadores y más de diez minutos por delante.
Ahí apareció la versión más orgullosa del equipo. Con dos hombres menos, el conjunto oviedista se aferró al empate desde la solidaridad, el esfuerzo y la resistencia colectiva. Incluso tuvo la victoria en una contra dirigida por Cazorla que terminó con un remate de Chaira despejado por David Soria. El Getafe apretó hasta el final, consciente de la oportunidad, pero se encontró una y otra vez con Escandell y con un Oviedo dispuesto a dejarse todo para evitar una derrota devastadora.
El pitido final dejó una mezcla de alivio, rabia y reconocimiento. El descenso sigue prácticamente inevitable y podría consumarse en cuestión de horas, pero el Tartiere despidió a los suyos con aplausos después de ver a un equipo competir hasta el límite en una tarde marcada por la polémica y el orgullo. El Oviedo quizá no pudo salvar la categoría, pero al menos evitó caer derrotado ante su gente y se marchó del campo dejando una última muestra de dignidad.








Comments are closed.