El Sporting firma en Málaga el fracaso de una temporada sin ambición ni respuestas

El Real Sporting de Gijón consumó en Málaga el fracaso de una temporada que apuntaba mucho más alto y que termina desmoronándose sin ni siquiera alcanzar el objetivo mínimo exigible: pelear por el playoff de ascenso hasta el final. La derrota en La Rosaleda no solo deja a los rojiblancos matemáticamente sin opciones, sino que confirma una realidad demasiado evidente desde hace semanas: este equipo ha sido incapaz de competir con regularidad cuando la temporada exigía dar un paso adelante.
Y eso que el partido comenzó incluso de forma esperanzadora. Borja Jiménez introdujo cambios importantes, recuperando a Lucas Perrin y modificando el sistema hacia un 1-5-4-1 mucho más conservador, síntoma inequívoco de un equipo que ya no transmite autoridad ni confianza lejos de El Molinón. El Sporting aceptó desde el inicio vivir replegado, resistiendo cerca de su área y esperando alguna transición aislada para sorprender.
La estrategia encontró premio pronto. Tras un primer aviso de Gelabert, cuyo intento acabó escupido por el poste, una buena acción colectiva permitió a Dubasin adelantar a los asturianos con una definición impecable. Durante unos minutos, el Sporting tuvo en sus manos una victoria que podía sostener mínamente la ilusión, aunque la sensación seguía siendo la de un equipo demasiado frágil como para sostenerse en escenarios de máxima exigencia.
Y no tardó en comprobarse. La expulsión de Dubasin mediada la primera mitad volvió a desnudar todas las carencias competitivas del equipo. El Sporting retrocedió decenas de metros, se encerró alrededor de Yáñez y sobrevivió únicamente gracias al desorden ofensivo del Málaga. Ni capacidad para tener el balón, ni personalidad para enfriar el encuentro, ni respuestas tácticas convincentes. Otro ejercicio de resistencia impropio de un aspirante al ascenso.
La roja posterior a Dotor equilibró las fuerzas antes del descanso, pero ni siquiera el 10 contra 10 cambió el guion. El Málaga siguió siendo el único equipo con ambición real sobre el césped, mientras el Sporting transmitía resignación, cansancio y una preocupante falta de competitividad. El empate de Chupe terminó llegando por pura lógica ante la pasividad defensiva rojiblanca, con una zaga superada por una acción demasiado simple para un equipo que aún presumía de aspirar a algo importante.
El golpe definitivo llegó en el tramo final y, como ha ocurrido demasiadas veces este curso, nació de un error propio. Gelabert perdió un balón incomprensible en salida y Joaquín culminó la remontada ante una defensa estática y un Yáñez incapaz de reaccionar. Una fotografía perfecta de la temporada: errores individuales, fragilidad colectiva y absoluta incapacidad para sostener resultados.
Con esta derrota, el Sporting pone punto final a cualquier aspiración de playoff y certifica una campaña profundamente decepcionante. Porque quedarse fuera del ascenso directo podía entrar dentro de lo posible, pero ni siquiera competir hasta el final por las eliminatorias supone un suspenso rotundo para una plantilla confeccionada para mucho más. El equipo se ha ido apagando semana tras semana hasta convertirse en un conjunto sin identidad, sin ambición y sin respuestas.
Ahora solo quedan tres jornadas para terminar cuanto antes una temporada que se ha convertido en un suplicio para una afición que, una vez más, verá cómo el Sporting vuelve a quedarse muy lejos de donde por historia y exigencia debería estar.








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