La selección española dio un golpe sobre la mesa en el Mundial 2026. Después de un estreno gris ante Cabo Verde que había dejado más dudas que certezas, el conjunto dirigido por Luis de la Fuente respondió con una actuación convincente, madura y contundente para imponerse por 4-0 a Arabia Saudí en la segunda jornada del Grupo H. No fue únicamente una victoria; fue una declaración de intenciones de un equipo que recuperó la identidad que le llevó a conquistar Europa y que volvió a exhibir un fútbol dinámico, agresivo y eficaz.
Desde el pitido inicial, España mostró una actitud completamente distinta a la del primer encuentro. La circulación de balón fue más rápida, la presión tras pérdida más intensa y la movilidad de los hombres de ataque generó problemas constantes a la defensa saudí. El mensaje era claro: no había margen para otro tropiezo.
La superioridad española encontró premio muy pronto. Apenas habían transcurrido diez minutos cuando Lamine Yamal apareció para abrir el marcador. El joven talento, una vez más, asumió la responsabilidad en el escenario más exigente. Tras una excelente combinación ofensiva y una asistencia medida de Mikel Oyarzabal, el extremo definió con la serenidad de un veterano para colocar el 1-0. El gol liberó a España y, al mismo tiempo, desactivó cualquier planteamiento defensivo de Arabia Saudí.
Con ventaja en el marcador, la Roja encontró espacios y comenzó a desplegar su mejor fútbol. Pedri y Fabián Ruiz dominaron el centro del campo, imponiendo el ritmo del partido y conectando continuamente con los atacantes. Arabia Saudí apenas conseguía superar la línea de presión española y se veía obligada a replegarse cada vez más cerca de su área.
El segundo golpe llegó poco después y tuvo como protagonista a Mikel Oyarzabal. El delantero aprovechó una acción colectiva brillante para ampliar la ventaja y dejar muy tocado al conjunto asiático. Apenas tres minutos más tarde, el propio Oyarzabal volvió a aparecer para culminar otra jugada ofensiva y firmar el tercer tanto de la tarde. En un abrir y cerrar de ojos, España había transformado un partido que se presumía complejo en una exhibición de eficacia.
El 3-0 al descanso reflejaba perfectamente lo ocurrido sobre el césped. España había dominado todas las facetas del juego: posesión, ocasiones, intensidad y contundencia. Arabia Saudí, superada física y tácticamente, apenas había logrado inquietar la portería defendida por Unai Simón.
Lejos de conformarse, el combinado español regresó del vestuario con la misma ambición. La sentencia definitiva llegó nada más comenzar la segunda mitad, cuando una acción desafortunada de la zaga saudí acabó introduciendo el balón en su propia portería. El 4-0 cerraba definitivamente cualquier posibilidad de reacción y convertía los minutos restantes en un ejercicio de control para los de De la Fuente.
A partir de ese momento, España administró esfuerzos con inteligencia. El seleccionador aprovechó la amplia ventaja para introducir cambios y repartir minutos pensando en el trascendental compromiso ante Uruguay. El balón siguió siendo español, aunque con un ritmo más pausado y orientado a evitar desgaste innecesario.
Más allá de los cuatro goles, la mejor noticia para España fue la recuperación de sensaciones. El equipo volvió a parecer reconocible. Lamine Yamal asumió galones en ataque, Oyarzabal mostró su olfato goleador, Pedri dirigió con elegancia y la defensa apenas concedió oportunidades. Fue una actuación coral que recordó a la mejor versión reciente de la selección.
La victoria deja a España en una posición privilegiada dentro del Grupo H y convierte el próximo duelo ante Uruguay en una auténtica final por el liderato. Pero, sobre todo, devuelve la confianza a una selección que necesitaba una noche como esta para recordar que sigue siendo una de las candidatas a llegar lejos en el torneo.
En un Mundial donde cada detalle cuenta, España respondió cuando más lo necesitaba. Lo hizo con fútbol, con personalidad y con una contundencia que invita al optimismo. La Roja vuelve a estar en marcha.




