Brasil ya está en los octavos de final del Mundial, aunque para lograrlo tuvo que superar una exigente prueba frente a un Japón que nunca dejó de competir. La selección sudamericana se impuso por 2-1 en el Estadio de Houston en un encuentro de fases muy diferenciadas: dominio brasileño durante buena parte del choque y resistencia nipona hasta el último suspiro.
La ‘Canarinha’ asumió el control desde el inicio, monopolizando la posesión y moviendo el balón con paciencia hasta encontrar los espacios. Con mayor calidad en los últimos metros, los brasileños lograron abrir el marcador y, poco después, ampliaron la ventaja, reflejando sobre el césped la superioridad que habían mostrado durante el primer tramo del partido.
Lejos de bajar los brazos, Japón reaccionó. El conjunto asiático elevó el ritmo de presión, ganó presencia en campo rival y encontró el premio con un gol que cambió el guion del encuentro. A partir de ese momento, el partido se volvió más abierto, con Brasil obligado a defender una renta que hasta entonces parecía cómoda.
Los minutos finales estuvieron marcados por la incertidumbre. Japón buscó el empate con valentía, acumuló llegadas sobre el área rival y obligó a Brasil a emplearse con rigor defensivo. Sin embargo, la experiencia de la pentacampeona terminó imponiéndose para cerrar una clasificación que, pese al triunfo, dejó algunas dudas en tareas de contención.
El encuentro volvió a confirmar dos realidades, Brasil mantiene intacta su candidatura al título gracias al talento diferencial de su plantilla, aunque deberá corregir ciertos desajustes si quiere aspirar a las últimas rondas. Japón, por su parte, se despide del torneo con una actuación digna, fiel a su identidad competitiva y demostrando que puede discutirle el partido a cualquiera.
Con el 2-1 definitivo, Brasil continúa su camino en el Mundial y ya centra su atención en los octavos de final, mientras que Japón pone fin a su participación tras ofrecer una imagen de compromiso, orden y ambición hasta el pitido final.




