Suecia ya está en las eliminatorias del Mundial. La selección escandinava firmó un trabajado empate (1-1) frente a Japón en un encuentro de máxima exigencia, en el que supo levantarse tras verse por detrás en el marcador y encontró el premio a su perseverancia con un tanto de Anthony Elanga. El punto permitió a los suecos sellar su clasificación como una de las mejores terceras del torneo.
El conjunto dirigido por Graham Potter afrontó el partido consciente de que no podía permitirse errores ante una de las selecciones más sólidas del grupo. Japón dominó durante buena parte del encuentro gracias a su velocidad en la circulación y a la precisión de sus transiciones, obligando a Suecia a multiplicarse en tareas defensivas y a mantener la concentración durante los noventa minutos.
Tras una primera mitad muy igualada, el combinado nipón logró romper el equilibrio al inicio del segundo tiempo con un gol de Daizen Maeda. El tanto parecía acercar a Japón al liderato del grupo, mientras Suecia veía cómo sus opciones comenzaban a complicarse.
Sin embargo, lejos de venirse abajo, el equipo escandinavo reaccionó con personalidad. Apenas unos minutos después, Anthony Elanga aprovechó una acción ofensiva para sorprender a la defensa japonesa y devolver las tablas al marcador, un gol que cambió por completo el ánimo del encuentro y dio oxígeno a los suecos.
En el tramo final ambos equipos buscaron el segundo tanto, aunque con diferentes objetivos. Japón quería asegurar la victoria para pelear por el primer puesto, mientras Suecia defendía con inteligencia un empate que podía resultar suficiente. La intensidad no decayó hasta el pitido final, pero las defensas terminaron imponiéndose a los ataques.
El reparto de puntos dejó satisfechos a ambos conjuntos. Japón avanzó como segunda clasificada del Grupo F, mientras que Suecia logró el objetivo de mantenerse con vida en el campeonato gracias a su capacidad de resistencia y a una reacción que demostró el carácter competitivo del combinado nórdico.
Para Suecia, más allá del resultado, el partido dejó una sensación muy positiva: la de un equipo que nunca dejó de creer y que, cuando más presión tenía encima, encontró la personalidad necesaria para seguir escribiendo su historia en este Mundial.




