Nueve meses después, el capitán del Espanyol vuelve a una convocatoria. Detrás de su regreso hay mucho más que una recuperación física: una historia de paciencia, sacrificio y amor por unos colores que nunca dejaron de esperarle.
Hay regresos que van mucho más allá del fútbol. Regresos que no se miden en minutos, goles o asistencias, sino en todo lo que ha sido necesario superar para volver a sentirse futbolista. El de Javi Puado es uno de ellos. El capitán del RCD Espanyol vuelve a entrar en una convocatoria nueve meses después de aquel día en el que una lesión de rodilla frenó en seco su camino y le obligó a afrontar uno de los desafíos más difíciles de su carrera.
Su nombre vuelve a aparecer en una lista oficial y, con él, regresa también una parte importante del sentimiento blanquiazul. Porque Puado no es un futbolista más dentro del vestuario perico. Es el capitán, uno de los rostros que mejor representan la identidad del equipo y un jugador que ha construido su relación con el espanyolismo desde el compromiso, la entrega y el sentimiento de pertenencia.
La noticia de su regreso tiene un significado especial. Después de tantos meses de trabajo lejos de los focos, de entrenamientos individuales y de una recuperación que ha exigido paciencia y constancia, el delantero vuelve a estar disponible para Manolo González. El técnico blanquiazul recupera así a una pieza importante para el equipo, aunque su vuelta a la competición deberá producirse de manera progresiva, respetando los tiempos que requiere una lesión de esta gravedad.
Nueve meses de lucha para volver a empezar
El fútbol puede cambiar en cuestión de segundos. El 11 de enero de 2026, durante el encuentro frente al Levante, Puado sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Una lesión grave que le obligó a pasar por el quirófano y a comenzar un largo proceso de recuperación.
Para un futbolista profesional, una lesión de estas características supone mucho más que dejar de competir. Significa cambiar las rutinas, aprender a convivir con la incertidumbre y encontrar la motivación necesaria para afrontar cada jornada sin tener la recompensa inmediata de saltar al terreno de juego.
Mientras sus compañeros preparaban los partidos, competían y defendían el escudo del Espanyol, el capitán libraba su propio encuentro. Uno sin público, sin marcador y sin la emoción de los noventa minutos, pero con un objetivo tan claro como exigente: volver.
Cada avance en la recuperación representaba un pequeño paso hacia ese momento que hoy ya es una realidad. Volver a entrenar con el grupo, recuperar sensaciones, reencontrarse con el balón y sentir de nuevo que el regreso estaba cada vez más cerca.
Porque hay victorias que no aparecen en ninguna clasificación. Y superar una lesión de larga duración es, sin duda, una de ellas.
El peso de un brazalete que va más allá del campo
Puado representa mucho para el Espanyol. Su condición de capitán no se explica únicamente por su presencia en el terreno de juego, sino también por su vínculo con el club y por lo que significa para una afición que reconoce en él a uno de sus referentes.
El delantero ha vivido diferentes etapas con la camiseta blanquiazul, ha conocido la exigencia de competir al máximo nivel y ha experimentado la responsabilidad de liderar a un equipo que siente como propio. Por eso, su ausencia ha sido también la de una figura importante dentro del vestuario.
Un capitán no deja de serlo cuando no puede jugar. Su compromiso no desaparece por estar apartado de los entrenamientos colectivos ni su importancia se mide exclusivamente por los partidos que disputa.
Durante estos meses, el brazalete ha seguido teniendo dueño, aunque su portador no pudiera defenderlo sobre el césped. Ahora, su regreso a la convocatoria permite imaginar de nuevo al número siete compartiendo vestuario con sus compañeros, preparado para recuperar poco a poco el lugar que la lesión le arrebató.
Y esa imagen tiene un valor especial para cualquier aficionado perico: volver a ver a su capitán entre los elegidos significa que una etapa especialmente complicada empieza a quedar atrás.
La Rosaleda, una nueva puerta hacia la normalidad
La visita del Espanyol al Málaga en La Rosaleda, prevista para este viernes, 9 de octubre, se presenta como el escenario de su regreso a una convocatoria oficial. Después de nueve meses de espera, Puado vuelve a formar parte de los planes del equipo para un encuentro de competición.
Manolo González ya había confirmado que el delantero llevaba dos semanas entrenándose con normalidad junto al grupo. El entrenador también dejó claro que su posible participación dependerá de sus sensaciones y de cómo evolucione su vuelta a la dinámica competitiva.
No hay necesidad de correr más de lo debido. Después de un proceso tan largo, el verdadero triunfo consiste en volver con garantías, recuperar el ritmo y reencontrarse progresivamente con las exigencias del fútbol profesional.
Si llega el momento de volver a pisar el césped, cada minuto tendrá un significado distinto. No será simplemente una sustitución ni una aparición más en el calendario. Será la recompensa a meses de trabajo silencioso, a la perseverancia y a una lucha que comenzó cuando tuvo que detenerse y que no ha terminado hasta recuperar la posibilidad de competir.
La Rosaleda puede convertirse así en una nueva estación de su camino. El primer paso de una etapa en la que el objetivo ya no será únicamente recuperarse, sino volver a disfrutar del fútbol.
Un regreso que también pertenece al espanyolismo
La vuelta de Puado es una noticia que trasciende lo deportivo. En un fútbol acostumbrado a la inmediatez, donde cada jornada parece exigir resultados nuevos y donde el presente ocupa casi todo el espacio, su historia invita a detenerse y recordar que detrás de cada futbolista hay un proceso que no siempre se ve.
Nueve meses dan para mucho. Para echar de menos la competición, para aprender a tener paciencia y para valorar de otra manera aquello que antes parecía cotidiano: entrenar con los compañeros, preparar un partido, escuchar la charla del entrenador o vestirse de corto para defender un escudo.
También dan para comprender que el camino de regreso no siempre es lineal y que las grandes metas se construyen a partir de pequeños avances.
Puado vuelve a una convocatoria, pero el significado de este momento va mucho más allá de su presencia en una lista. Regresa un capitán que ha tenido que afrontar una de las pruebas más exigentes de su carrera y que vuelve a estar cerca de aquello que da sentido a su profesión.
El Espanyol recupera a uno de sus referentes. El vestuario vuelve a contar con un futbolista cuya experiencia y liderazgo pueden aportar mucho en el tramo que tiene por delante. Y la afición perica recupera la ilusión de volver a ver a su siete sobre el terreno de juego.
Porque algunos regresos se sienten de otra manera
El fútbol tiene una memoria especial para las grandes noches, los goles decisivos y las celebraciones que quedan grabadas en la historia de un club. Pero también debería reservar un lugar para esos momentos que no necesitan un gol para emocionar.
El regreso de Javi Puado es uno de ellos.
No sabemos cuánto tardará en recuperar su mejor versión ni cuántos minutos necesitará para volver a sentirse plenamente competitivo. Lo importante ahora es que el camino hacia ese objetivo vuelve a estar abierto.
Nueve meses después, el capitán está de vuelta en una convocatoria. Nueve meses después, vuelve a mirar de cerca la posibilidad de competir. Nueve meses después, aquel horizonte que durante tanto tiempo pareció lejano empieza a convertirse en presente.
Y quizá ahí resida la belleza de esta historia: en comprender que no todas las victorias se celebran con los brazos en alto ni necesitan un estadio lleno para tener valor.
Algunas se consiguen en silencio, con esfuerzo y paciencia, cuando nadie está mirando.
La de Javi Puado empezó hace nueve meses. Ahora, el capitán vuelve a acercarse al lugar al que siempre quiso regresar: el césped, sus compañeros y el escudo del Espanyol.
Bienvenido de nuevo, capitán. El fútbol vuelve a esperarte. Y el espanyolismo, también.




