Hay momentos que trascienden un partido. Instantes que no necesitan un marcador ni tres puntos para quedar grabados en la memoria. Balaídos vivió uno de ellos con Borja Iglesias como protagonista. El delantero celeste regresó a casa después de conquistar el Mundial con España y el celtismo quiso reconocer, como merecía, una hazaña que ya forma parte de la historia del club.
Antes de que el balón comenzara a rodar frente a Osasuna, todas las miradas se dirigieron hacia el centro del césped. Allí apareció Borja, vestido de calle debido a la lesión muscular que le mantiene apartado de los terrenos de juego, pero con algo que brillaba mucho más que cualquier camiseta: la medalla de campeón del mundo.
Más de 20.000 voces se unieron entonces en una ovación que convirtió Balaídos en el escenario perfecto para celebrar algo extraordinario. El aplauso no era únicamente para el futbolista que levantó la Copa del Mundo. Era también para uno de los nuestros.

Porque Borja Iglesias ha escrito una página inédita en la historia del Celta. Es el primer jugador que pertenece al club vigués en conquistar un Mundial y, además, el primer futbolista gallego en alcanzar semejante título con la selección española. Un logro que convierte su nombre en parte de la memoria del fútbol gallego y del propio celtismo.
Una medalla que también pertenece al celtismo
El Celta quiso que aquel reconocimiento tuviera un símbolo. Sergio Álvarez, consejero del club y antiguo capitán celeste, fue el encargado de entregarle una placa conmemorativa. Un gesto sencillo, pero cargado de significado.
Después llegó otro momento especial: Borja realizó el saque de honor. No podía ayudar a sus compañeros sobre el césped, pero sí podía compartir con ellos y con la afición una noche que llevaba mucho tiempo esperando.

Y el recibimiento no se quedó únicamente en las gradas. Los jugadores del Celta y también los futbolistas de Osasuna participaron en el reconocimiento al delantero compostelano antes del comienzo del encuentro.
Balaídos, por unos minutos, dejó de mirar al marcador.
Solo había una cosa importante: celebrar a un campeón.
De Balaídos al mundo
Borja Iglesias regresó a Vigo después de vivir uno de los capítulos más importantes de su carrera. El Mundial conquistado por España el pasado 19 de julio elevó su figura a una dimensión histórica, pero en Vigo sigue siendo, sobre todo, el Panda.
El delantero que se ganó el cariño del celtismo con goles, trabajo y personalidad. El futbolista que la pasada temporada terminó como máximo goleador del equipo y que ahora afronta una nueva campaña con la estrella de campeón del mundo sobre el pecho.
Por eso la ovación de Balaídos tuvo algo diferente. No fue únicamente el reconocimiento a un internacional español. Fue el abrazo de una afición a uno de los suyos.
Y quizá esa sea la imagen que mejor resume lo ocurrido: Borja Iglesias, en el centro de Balaídos, con su medalla de campeón del mundo y miles de celtistas aplaudiendo.
Un jugador.
Un gallego.
Un campeón del mundo.
Y, sobre todo, uno de los nuestros.
La Copa del Mundo volverá a Vigo para acompañar el homenaje al delantero en el Celta-Athletic del 30 de agosto, dentro del recorrido que la RFEF está realizando por los clubes españoles que aportaron internacionales al Mundial. Será otra oportunidad para que Balaídos vuelva a celebrar una conquista que ya tiene un lugar reservado en la historia celeste.




