Argentina comenzó su camino en el Mundial 2026 de la mejor manera posible. La vigente campeona del mundo derrotó con autoridad por 3-0 a Argelia en su debut en el Grupo J, en un encuentro en el que mostró solidez, personalidad y una clara superioridad durante los noventa minutos. El conjunto dirigido por Lionel Scaloni asumió el control desde el pitido inicial, monopolizó la posesión del balón y fue desgastando poco a poco a una selección argelina que apenas encontró espacios para desplegar su juego.
La Albiceleste salió al terreno de juego con la intención de imponer su ritmo y lo consiguió rápidamente. Con un centro del campo dinámico y una circulación de balón fluida, Argentina fue encerrando a su rival en campo propio. Durante los primeros compases, Argelia trató de resistir mediante un bloque defensivo compacto, pero cada ataque argentino dejaba la sensación de que el gol estaba cerca. Las combinaciones entre los hombres ofensivos generaban constantes problemas a la zaga africana, obligada a multiplicarse para evitar el primer tanto.
La insistencia argentina encontró premio antes de la media hora. Tras una jugada elaborada en la frontal del área, Lionel Messi recibió con espacio y sacó uno de esos disparos que ya forman parte de su repertorio histórico. El balón se coló lejos del alcance del guardameta y desató la euforia de los miles de aficionados argentinos presentes en las gradas. El 1-0 hacía justicia a lo visto sobre el césped y permitía a los campeones jugar con mayor tranquilidad.
Con la ventaja en el marcador, Argentina siguió buscando la portería rival. La presión tras pérdida funcionó a la perfección y apenas permitió a Argelia enlazar pases en campo contrario. Los africanos intentaron reaccionar antes del descanso, pero se encontraron con una defensa argentina muy segura y con un equipo que manejó los tiempos del partido con inteligencia.
Tras el paso por los vestuarios, Argelia trató de adelantar líneas para buscar el empate. Sin embargo, esa mayor ambición dejó espacios que Argentina supo aprovechar. La Albiceleste encontró más metros para correr y comenzó a generar ocasiones con mayor frecuencia. El segundo gol llegó en el momento clave del encuentro. Una acción ofensiva argentina terminó con un rechace del portero que quedó suelto dentro del área y Messi, siempre atento, apareció para empujar el balón a la red y poner el 2-0. El golpe fue demasiado duro para una selección argelina que veía cómo sus opciones se reducían considerablemente.
Lejos de conformarse con el resultado, Argentina mantuvo la intensidad. El equipo continuó atacando y demostrando por qué sigue siendo uno de los grandes favoritos al título. A falta de un cuarto de hora para el final llegó la sentencia definitiva. Una nueva combinación ofensiva permitió a Messi recibir en una posición favorable y el capitán no perdonó. Con una definición precisa completó su triplete y firmó el 3-0 que cerraba el marcador.
Los minutos finales sirvieron para que Argentina administrara la ventaja y para que la afición celebrara una victoria tan convincente como ilusionante. Scaloni aprovechó para realizar algunas rotaciones, dar descanso a varios titulares y comenzar a pensar en los próximos compromisos de la fase de grupos. El pitido final confirmó un estreno perfecto para la selección argentina, que sumó tres puntos fundamentales y envió un mensaje al resto de candidatos al título.
Messi, una actuación para la historia

Si Argentina fue superior, gran parte de la explicación tiene nombre y apellido: Lionel Messi. A sus 39 años, el capitán volvió a ofrecer una exhibición de talento, liderazgo y eficacia que quedará grabada en la memoria de los aficionados. En una noche cargada de simbolismo, el rosarino disputó un nuevo capítulo de su extraordinaria historia con la selección y respondió de la mejor manera posible: marcando los tres goles del encuentro.
Messi abrió el marcador con un disparo magistral que recordó a sus mejores años. Su capacidad para encontrar espacios donde parece no haberlos volvió a marcar diferencias. Durante todo el partido fue el jugador más desequilibrante sobre el césped, apareciendo entre líneas, asociándose con sus compañeros y dirigiendo cada ataque argentino con una naturalidad asombrosa.
Su segundo tanto demostró otra de sus grandes virtudes: la inteligencia competitiva. Mientras los defensores observaban el rechace del portero, Messi ya había anticipado la jugada y apareció en el lugar exacto para empujar el balón a la red. Fue el gol de un futbolista que entiende el juego unas décimas de segundo antes que los demás.
El tercero fue la culminación perfecta de una actuación memorable. Con la serenidad de los grandes campeones, definió con precisión para completar un hat-trick histórico, el primero de su carrera en una Copa del Mundo. Más allá de los goles, Messi fue el líder emocional y futbolístico de Argentina. Cada vez que tocó el balón transmitió peligro, cada vez que aceleró una jugada generó incertidumbre en la defensa rival y cada vez que levantó la cabeza encontró la mejor solución.
La ovación que recibió al abandonar el terreno de juego fue el reflejo de una actuación extraordinaria. En una competición donde cada partido puede marcar la diferencia, Messi volvió a demostrar que sigue siendo capaz de decidir encuentros al máximo nivel. Su triplete no solo permitió a Argentina arrancar con victoria, sino que también reafirmó la candidatura de la Albiceleste y recordó al mundo que las grandes leyendas nunca dejan de escribir historia.



