En el fútbol moderno, donde los focos suelen apuntar a las estrellas sobre el césped, existen entrenadores cuya influencia trasciende los resultados. Técnicos que construyen equipos, desarrollan talento y dejan una huella profunda en las estructuras de los clubes. Fredi Álvarez pertenece a esa categoría. El histórico ascenso del Celta Fortuna a LaLiga Hypermotion no solo lleva la firma de una brillante generación de futbolistas, sino también la de un entrenador que ha sabido convertir una apuesta de cantera en una realidad competitiva.
Natural de Moaña y profundamente vinculado al fútbol gallego, Alfredo “Fredi” Álvarez ha recorrido un largo camino en los banquillos. Tras dirigir equipos como el Alondras, la SD Compostela, el Boiro o el Izarra, regresó al Real Club Celta para integrarse en la estructura formativa de A Madroa. Allí fue ascendiendo paso a paso, desde las categorías inferiores hasta el Juvenil A, el Gran Peña y finalmente el Celta Fortuna.
Su llegada al filial en marzo de 2024 supuso mucho más que un relevo en el banquillo. Fredi asumió la responsabilidad de mantener viva una filosofía de juego y de formación que el club considera estratégica. Lo hizo sin alterar la identidad del equipo, pero aportando su propio sello: orden táctico, capacidad competitiva y una enorme confianza en el crecimiento de los jóvenes futbolistas.
Durante toda la temporada, el entrenador gallego insistió en una idea que terminó definiendo al equipo: la madurez. A pesar de contar con una de las plantillas más jóvenes de la categoría, el Fortuna compitió con personalidad frente a rivales mucho más experimentados. Esa fortaleza quedó especialmente reflejada en el playoff de ascenso, donde el equipo supo resistir la presión, gestionar los momentos difíciles y ofrecer su mejor versión cuando más importaba.
La eliminatoria frente a la Ponferradina fue el mejor reflejo del trabajo realizado. Tras un ejercicio de madurez en El Toralín, el Fortuna completó una exhibición en Balaídos para imponerse por 4-1 y conseguir un ascenso que parecía impensable apenas unos años atrás. El propio Fredi reconoció después del encuentro que nunca había imaginado vivir algo semejante junto a una generación tan joven de futbolistas.
Sin embargo, reducir el éxito de Fredi Álvarez únicamente a los resultados sería injusto. Su mayor mérito ha sido acelerar la formación de jugadores preparados para competir en el fútbol profesional. Bajo su dirección, el Fortuna no ha sido simplemente un equipo que gana partidos; ha sido un laboratorio de talento donde los futbolistas han aprendido a convivir con la exigencia, la presión y la responsabilidad de representar al Celta.
La imagen de Balaídos celebrando junto a más de 18.000 aficionados el ascenso del filial simboliza también el reconocimiento a una forma de trabajar. Fredi ha sido el puente entre la cantera y la élite, el encargado de convertir promesas en futbolistas preparados para dar el salto. En una época dominada por la inmediatez, ha demostrado que la paciencia, la formación y la confianza en los jóvenes siguen siendo herramientas capaces de construir grandes historias.
El ascenso del Celta Fortuna quedará para siempre en la historia del club. Y cuando se recuerde aquella temporada que llevó al filial a LaLiga Hypermotion por primera vez, el nombre de Fredi Álvarez aparecerá inevitablemente entre los grandes protagonistas. Porque detrás de cada éxito colectivo suele haber un líder discreto. Y en este caso, ese líder estaba sentado en el banquillo.




