España Sub-21 firma una gran victoria en el Anxo Carro

Bajo el cielo lucense y con el Anxo Carro vibrando desde mucho antes del pitido inicial, la Selección Española Sub-21 firmó una de esas noches que se recuerdan durante años. No por la dificultad del rival —San Marino llegaba sin puntos y sin goles en toda la fase clasificatoria— sino por la forma, por la determinación y por el sentimiento que transmitió un grupo que juega como quien sabe que su camino solo apunta hacia arriba.
España no ganó: arrasó. Y lo hizo con una personalidad arrolladora, con alegría y con un hambre que contagió a cada rincón del estadio.
Un arranque de partido que anunciaba lo inevitable
Desde el primer toque, España impuso un ritmo imposible de seguir para su rival. La pelota circulaba con velocidad, los laterales se proyectaban como dagas y los atacantes atacaban el espacio una y otra vez. San Marino apenas cruzaba el medio campo; su plan era resistir, pero la Sub-21 no estaba dispuesta a contemporizar.
Las primeras ocasiones se sucedieron con una naturalidad pasmosa: centros, combinaciones rápidas, diagonales al área… España era un torbellino, y era cuestión de tiempo que el marcador se abriera. Y cuando lo hizo, lo hizo con arte.
Virgili, el chico que juega como si aún soñara despierto

El primer gol llegó al minuto 19, obra de Jan Virgili, en una acción que pareció una declaración de intenciones. El extremo recibió, encaró, se perfiló y sacó un disparo maravilloso que besó el larguero antes de entrar. El estadio estalló; sus compañeros corrieron a abrazarlo; él sonrió con esa mezcla de incredulidad y determinación de quien sabe que está viviendo algo grande.
Ese gol no solo abrió el partido: marcó el tono emocional de la noche. Virgili jugaba con electricidad, como si cada balón fuese una oportunidad para demostrar por qué su nombre empieza a sonar con fuerza en España. Y no falló: firmó un doblete, confirmándose como una de las grandes noticias de esta generación.
Lejos de relajarse, el equipo de David Gordo aceleró más tras el 1-0. El balón era una extensión de su idea. Los mediocentros manejaban con pulso fino, los extremos desbordaban con facilidad, y los delanteros se mostraban en cada línea de pase.
Miguel Carvalho amplió la ventaja con un zurdazo desde fuera del área que levantó a la grada, un golpe seco y ajustado, el típico disparo que confirma el momento dulce del equipo.
San Marino se hundía cada vez más atrás. Sus defensores achicaban como podían, conscientes de que era una noche destinada a sufrir. Y España, empujada por el público y por el propio ritmo del partido, siguió empapando el encuentro de ocasiones y energía.
La segunda mitad fue un desfile de emociones. España no quería simplemente ganar: quería celebrar el fútbol. Y uno por uno, todos querían dejar su huella:
Jan Virgili, al filo del 52’, transformó su noche soñada en una página para el recuerdo con su segundo gol. Iker Bravo apareció después para firmar el suyo con la tranquilidad de quien huele el gol. Marc Guiu, puro instinto y potencia, sumó otro tanto que heló cualquier atisbo de duda. Jesús Rodríguez, siempre atento en segunda línea, aprovechó su ocasión para ampliar aún más la cuenta. Y para cerrar el partido, Pablo García convirtió el rechace de un penalti, sellando el 7-0 con autoridad.
Cada gol era celebrado como si fuera el primero. El banquillo se levantaba, los suplentes saltaban, la grada rugía. Fue un festival, sí, pero también un recordatorio: España tiene una generación especial, un grupo que no quiere vivir de su nombre, sino de su trabajo.
Seguridad defensiva: la otra cara de la moneda

Aunque el marcador hable de goles, la defensa también vivió una noche perfecta. San Marino apenas pudo cruzar el centro del campo con claridad. Fran González apenas tuvo que intervenir, sostenido por una línea defensiva que jugó con concentración total.
No conceder ni una ocasión clara fue otra señal del compromiso colectivo. No hubo relajación, ni siquiera con el 5-0. Ese detalle habla tanto como los goles.
Más que una victoria: una declaración de identidad

Este 7-0 no es solo un resultado abultado. Es una declaración de intenciones:
España quiere dominar su grupo, clasificarse cuanto antes y hacerlo jugando un fútbol que excite, que emocione, que haga que la gente se levante del asiento.
El equipo transmite ilusión, personalidad y una madurez sorprendente para la edad de sus jugadores. La conexión entre ellos es evidente: se buscan, se hablan, se animan.
El Anxo Carro lo notó. Y lo devolvió con aplausos, cánticos y una despedida de pie.
Lo que viene: más retos, más crecimiento, más ambición
Tras esta goleada, la Sub-21 mira ya al siguiente compromiso, un choque mucho más exigente fuera de casa. Pero el camino está claro: este grupo ha encontrado su identidad.









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