El Real Oviedo busca en el Tartiere el punto de inflexión que cambie una temporada que aún está a tiempo de enderezarse

El Real Oviedo llega al duelo de este viernes ante el Mallorca (21:00 horas, Tartiere) con la sensación de que no es un partido más. Dentro del vestuario se repite una idea: si ganan, puede empezar una nueva temporada. Lo dijo Carmo, lo repitió Carrión y lo respira una afición que, pese al mal momento, sigue decidida a empujar. En casa, con su gente, el Oviedo siente que es ahora o nunca.
Las palabras de David Carmo, que apunta a titular tras superar las molestias sufridas ante el Atlético, resumen el estado mental del equipo: “No podemos empezar a dudar del compañero ahora. Jugamos con personalidad, cada vez presionamos más alto y si ganamos el viernes todo puede cambiar”. El angoleño insiste en que el vestuario está bien anímicamente gracias a los veteranos y que la única obsesión es mejorar: “Si el equipo está bien, las individualidades saldrán”.
Carrión, que ofreció una lista de 23 convocados sin Luka Ilic —la gran sorpresa por decisión técnica— pero con el regreso de Ilyas Chaira, sabe que el encuentro es clave. El equipo volverá a concentrarse en el Silken Monumental Naranco antes del partido, un ritual que el técnico quiere mantener para reforzar la unión en un momento crítico.
Frente a ellos, un Mallorca lleno de dudas. Pese al discurso exigente de Jagoba Arrasate, que avisó de que para ganar al Oviedo “hay que poner otras cosas además del fútbol” y que deberán igualar “intensidad, rigor, concentración y agresividad”, los bermellones llegan con síntomas preocupantes. En sus dos últimos partidos desperdiciaron ventajas de dos goles y mostraron una fragilidad impropia de un equipo que pretende escapar de la zona baja. En Copa sufrieron ante un Segunda RFEF. En Liga, ante Osasuna, dejaron escapar un 2-0 en casa. Este Mallorca no transmite fiabilidad.
El Oviedo, en cambio, quiere hacer del Tartiere su refugio y su impulso. Carrión insiste en que el equipo crece en la presión alta, en el ritmo y en la valentía, y Carmo lo ve igual: cuando superan una línea de presión, deben atacar con determinación. Ese es el camino.
La situación es límite para ambos, pero el premio para el Oviedo es mucho mayor: una victoria permitiría poner fin a la dinámica negativa, acercarse a la salvación y, sobre todo, recuperar esa sensación de vida que a veces se escapa entre los dedos.
El Tartiere está preparado. El equipo también. Es el día para creer que la temporada puede empezar de nuevo. Y el ambiente empezará a calentarse en la previa con un recibimiento al equipo organizado por Symmachiarii.






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