Hay despedidas que duelen más que otras. No por los focos, ni por las portadas, sino por todo lo que representan. La de David de la Iglesia pone punto final a una historia de siete años de compromiso, crecimiento y sentimiento celeste. Una etapa que comenzó en el verano de 2019, cuando un joven talento coruñés decidió apostar por el RC Celta para seguir construyendo su sueño. Siete años después, se marcha convertido en un ejemplo de perseverancia para toda la cantera.
David llegó a A Madroa procedente del Calasanz, considerado una de las grandes promesas de la generación de 2003. El club celeste apostó por él para reforzar al Juvenil B, iniciando un camino que recorrería prácticamente todas las categorías de la cantera. Desde los campos de formación hasta el fútbol semiprofesional, siempre con la misma premisa: trabajar en silencio y dejar que el fútbol hablase por él.
Su evolución fue constante. Pasó por los equipos juveniles, dio el salto al Celta C Gran Peña y terminó convirtiéndose en uno de los referentes del equipo. En la temporada 2022-23 fue uno de los futbolistas más importantes del conjunto de Tercera Federación, acumulando 2.121 minutos y anotando seis goles, cifras que reflejaban su peso dentro del grupo. Aquella campaña ya empezó a llamar a la puerta del Fortuna, entrando en varias convocatorias de Claudio Giráldez.
El premio llegó el 24 de septiembre de 2023. Después de años de esfuerzo, David debutó con el Celta Fortuna en Primera Federación frente al Arenteiro. Fueron apenas unos minutos, pero detrás de ellos había cientos de entrenamientos, sacrificios y una fe inquebrantable en sus posibilidades. Para cualquier canterano, vestir la camiseta del filial es un reconocimiento enorme; para David fue la confirmación de que el trabajo siempre encuentra recompensa.
Primero aparecieron las convocatorias. Después, los minutos. Y finalmente, el reconocimiento de quienes llevaban años viendo su evolución. Técnicos y compañeros destacaban una cualidad que siempre estuvo presente en él: el talento. Pero también la capacidad de mejorar aquellos aspectos menos visibles que terminan marcando la diferencia en el fútbol profesional.
A partir de ahí, su crecimiento fue evidente. El centrocampista coruñés comenzó a ganar protagonismo y a demostrar la calidad que siempre se le había atribuido. Claudio Giráldez llegó a destacar públicamente su talento y la madurez que había alcanzado para explotar todas sus condiciones futbolísticas. Uno de los momentos más recordados llegó en febrero de 2024, cuando marcó un gran gol en la victoria del Fortuna frente al Sestao River, reflejo de la confianza que había adquirido sobre el terreno de juego.
Como ocurre en toda carrera deportiva, también hubo momentos difíciles. En diciembre de 2024 una grave lesión muscular le obligó a detenerse durante varios meses. Una rotura parcial en el bíceps femoral le apartó de los terrenos de juego en un momento importante de su progresión. Sin embargo, también entonces mostró una de las virtudes que mejor le definen: la resiliencia. Trabajó para regresar y volver a sentirse futbolista.
Su etapa en Vigo también coincidió con uno de los momentos más ilusionantes del filial celeste. Formó parte de una generación que ayudó a consolidar al Celta Fortuna como uno de los proyectos más competitivos de la categoría y que recientemente logró el ascenso a Segunda División, un hito que quedará para siempre en la historia reciente del equipo.
Pero más allá de los números, los partidos o los ascensos, el legado de David de la Iglesia se encuentra en otro lugar. Se marcha como uno de esos futbolistas que representan a la perfección los valores de A Madroa: humildad, trabajo, paciencia y compromiso. Nunca tomó el camino fácil. Fue creciendo escalón a escalón, ganándose cada oportunidad y respetando siempre el escudo que defendió durante siete temporadas.
Hoy los caminos se separan. El Celta pierde a un futbolista formado en casa y David deja atrás una etapa que marcó su vida. Pero hay historias que no terminan con una despedida. Porque quien ha vivido siete años vistiendo de celeste siempre conservará una parte de Vigo en el corazón.

CARTA DE DESPEDIDA DELA




