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El Real Oviedo jugó como un gran equipo: compitió, rozó el gol… pero el premio no llegó. Ante el Rayo Vallecano los azules hicieron una primera parte brillante, guiados por un Santi Cazorla que convirtió el Carlos Tartiere en un escenario de magia y nostalgia, pero cuando tocaba rematar el trabajo, la fortuna y un error propio volvieron a dejarle sin victoria. Un empate que sabe a poco, no por necesidad, sino porque el Oviedo lo mereció.

Desde el arranque, el equipo de Luis Carrión dio un mensaje claro: si Cazorla puede caminar, va a jugar. Y el capitán respondió con una lección de fútbol. Cada balón que pasaba por sus botas mejoraba. Cada pase tenía sentido. Todos los ataques nacían de él. Hasta el público lo entendió, vibrando con cada toque como si el tiempo retrocediera y en el Tartiere no hubiera edad, solo fútbol.

El partido estuvo cerca de explotar a los 20 minutos: Ilyas Chaira disparó tras una gran jugada iniciada por el propio Cazorla y Rondón marcó en el rechace, pero estaba adelantado. Después llegó la obra maestra que no fue: una falta del ‘8’ a la escuadra que se estampó en el larguero. Era el mejor Oviedo de la temporada: intenso, ordenado, presionando arriba, anulando al Rayo y atacando con criterio. Fede Viñas, un guerrero, contagió la fe del equipo. Pero el marcador seguía a cero, y algo empezaba a oler a injusticia.

Tras el descanso, la película cambió. Ilyas perdió el balón en campo rival y, en su intento por recuperarlo, llegó tarde y cometió una entrada imprudente. Roja directa más que discutible sobretodo viendo falta en la jugada anterior al damnificado Ilyas Chaira. Con diez, el Oviedo dejó de mandar, Cazorla desapareció de la ecuación y el equipo se armó de resistencia. El Rayo por fin encontró espacios , pero cuando tuvo la oportunidad más clara, Aarón Escandell apareció como un salvavidas: detuvo un penalti a Isi y sostuvo al equipo cuando ya no quedaban piernas, solo corazón.

El empate vale poco en la clasificación, pero mucho en orgullo. Este Oviedo no se arruga, no se rinde y no escapa del fútbol bonito. Solo le falta que la suerte, de una vez, se ponga de su lado. Porque el equipo lo merece. Y el Tartiere también.

Galería de imágenes : Ana Vázquez Prado ©️