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El peor año que se recuerda

A falta del último partido ante el Burgos, el balance del 2025 en el Real Zaragoza es demoledor: 2 estadios, 4 entrenadores, 2 directores deportivos y apenas 38 puntos. Un año ruinoso que difícilmente variará en su desenlace y que deja al equipo en descenso al comenzar 2026, obligado a tomar decisiones drásticas para evitar un desastre mayor.

Un equipo colista y sin fortín

La derrota ante el Cádiz en el Ibercaja Estadio frenó una reacción parcial que había acercado al Zaragoza a la permanencia. El tropiezo dejó además un registro histórico negativo: cinco derrotas en casa a estas alturas del campeonato, el peor dato del club en sus trece temporadas seguidas en Segunda. El equipo es colista, el menos goleador y uno de los más castigados en defensa, un reflejo claro de su fragilidad futbolística.

Puertas abiertas como local

Andorra, Córdoba, Cultural Leonesa, Deportivo y Cádiz se llevaron los tres puntos de Zaragoza, a lo que se suman los empates ante Albacete y Valladolid. Solo dos victorias en nueve partidos como local, frente a Huesca y Leganés, confirman que el Ibercaja Estadio no ha sido un refugio y que el Zaragoza se ha convertido en uno de los peores locales de la categoría.

Cuatro entrenadores y ninguna continuidad

El 2025 arrancó con Miguel Ángel Ramírez, cuya etapa terminó de forma abrupta tras un solo triunfo en diez partidos. Gabi Fernández llegó como revulsivo, logró algunas victorias ajustadas, pero sin consolidar un proyecto. Las soluciones intermedias – Emilio Larraz– no hicieron más que aumentar la sensación de improvisación hasta la llegada de Rubén Sellés, que al menos ha conseguido ordenar al equipo y devolverle competitividad.

Una plantilla en constante cambio

La inestabilidad del banquillo se trasladó al césped. Hasta 16 fichajes y 21 salidas a lo largo del año natural dejaron una plantilla sin continuidad ni jerarquías claras. El equipo se rehízo varias veces sobre la marcha, con canteranos entrando y saliendo del foco en un contexto poco propicio para crecer.

El impacto del cambio de estadio

A todo ello se unió el traslado al Ibercaja Estadio. El adiós a La Romareda rompió hábitos y referencias, y el nuevo escenario no ayudó a un equipo frágil ni a una afición golpeada. El Zaragoza perdió su fortín y, con él, una parte esencial de su identidad.

Un final abierto, pero preocupante

El año se cierra con el equipo en descenso y con la obligación de acertar, por fin, en las decisiones futbolísticas. Menos cambios y más estabilidad parecen la única receta para que 2026 no prolongue el naufragio de un 2025 que ya queda marcado como uno de los peores que se recuerdan.