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Hay regresos que no se miden en minutos ni en partidos, sino en emociones. El de Yeray Álvarez a Lezama es uno de ellos. Ocho meses después de tener que apartarse del Athletic Club, el central ha vuelto a entrenar con sus compañeros, cerrando poco a poco una etapa dura, injusta y profundamente dolorosa.

Su llegada a las instalaciones fue cualquier cosa menos rutinaria. Abrazos, sonrisas y miradas cómplices. El club quiso dejar constancia de ese momento con un mensaje que dice mucho más que mil palabras: “Ongi etorri berriro zure etxera”. Porque Lezama siempre ha sido su casa, incluso cuando no pudo pisar el césped.

Yeray saltó al campo para completar una sesión adaptada, compartiendo trabajo con el grupo en una jornada especial. No era un entrenamiento más. Era el primer paso de una vuelta que el vestuario llevaba meses esperando y que el propio jugador necesitaba para volver a sentirse futbolista, compañero y athleticzale.

Desde el 2 de junio, Yeray había vivido lejos del día a día del equipo. Un paréntesis obligado tras una sanción que nació de un error humano, sin mala fe, en el contexto de una historia personal marcada por la lucha. Tras superar un cáncer, el central seguía un tratamiento preventivo contra la caída del cabello. Un medicamento tomado de forma involuntaria contenía una sustancia prohibida y cambió su vida de un día para otro.

La UEFA reconoció que no hubo intencionalidad, pero aun así impuso una sanción de diez meses. Diez meses de silencio, de entrenamientos en solitario, de ver los partidos desde fuera y de sentir que el fútbol, una vez más, le ponía a prueba.

El Athletic también lo ha sentido. Porque Yeray no es solo un central fiable, es carácter, ejemplo y pertenencia. Ernesto Valverde ha tenido que reconstruir su defensa sin una de sus piezas más queridas, mientras el vestuario esperaba el día en el que pudiera volver a estar cerca.

Ese día ha llegado. Aún queda esperar hasta el 2 de abril para volver a verlo competir, pero lo importante ya ha pasado: Yeray ha vuelto. Y con él, una parte del alma del Athletic que nunca se fue del todo.