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Qué sensación más fea dejó el Real Oviedo en San Mamés. Fea y preocupante. Ante un Athletic bastante discreto, los azules apenas dieron señales de vida en el segundo tiempo y volvieron a salir derrotados. Van ya casi mes y medio sin ganar —dos empates y tres derrotas en las últimas cinco jornadas— y Luis Carrión sigue sin saber lo que es celebrar una victoria en Primera.

El partido arrancó con un Oviedo que, al menos, intentó salir con personalidad. A los dos minutos ya tuvo un córner, que no es poca cosa visto lo que cuesta generar peligro este año. Pero pronto el Athletic empezó a apretar y a encontrar espacios. Escandell, una vez más, sostuvo al equipo con varias paradas de mérito, pero el gol local acabó llegando: Nico Williams se inventó una jugada y la clavó arriba.

Poco después, el Oviedo creyó empatar. Chaira marcó tras una peinada de Colombatto y todo el oviedismo lo celebró… hasta que el VAR anuló el tanto por unos milímetros del talón del delantero. Un golpe duro, aunque el equipo terminó la primera parte con mejores sensaciones.

Lo peor llegó tras el descanso. El Oviedo se desdibujó por completo: sin ideas, sin ritmo y sin capacidad de competir. Cada pérdida en salida de balón era un regalo y el Athletic, sin hacer gran cosa, manejó el encuentro a su antojo. Los cambios tampoco mejoraron el panorama y el tramo final fue un querer y no poder.

La única nota positiva, una vez más, vino desde la grada. Más de 2.000 oviedistas llenaron San Mamés de azul y demostraron que la afición nunca falla. Ojalá el equipo empiece pronto a parecerse un poco a ellos.