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El Sporting se dio una alegría grande en El Molinón con una victoria clara ante el Mirandés (3-0) que le vuelve a meter de lleno en la pelea por el Playoff. No fue un partido brillante desde el inicio, pero los rojiblancos supieron tener paciencia y aprovechar sus momentos, sobre todo desde el punto de penalti, para llevarse tres puntos muy importantes.

El encuentro arrancó tranquilo, con pocas ocasiones y mucho balón para el Sporting, que intentaba abrir una defensa del Mirandés bien plantada atrás. Aun así, el primer susto fue para los locales: Tamarit probó suerte desde fuera del área y el balón se estrelló en el larguero, haciendo temblar a más de uno en la grada.

Poco a poco el Sporting fue despertando. Oliván estuvo cerca con una volea que se fue al poste y, ya cerca del descanso, Gelabert tuvo una ocasión clarísima, pero Juanpa le ganó el mano a mano. Cuando parecía que el partido se iba al descanso sin goles, llegó la jugada clave. En un córner, Otero cayó en el área tras un forcejeo y el árbitro señaló penalti. Además, Córdoba vio la segunda amarilla y dejó al Mirandés con uno menos. El propio Otero no falló desde los once metros y puso el 1-0 justo antes del descanso.

Tras el paso por vestuarios, el Sporting salió decidido a cerrar el partido cuanto antes. Nada más empezar, el VAR volvió a ser protagonista tras otra acción sobre Otero en el área y el árbitro volvió a señalar penalti. Esta vez fue Dubasin el encargado de lanzarlo y no perdonó, poniendo el 2-0 y dejando el partido muy de cara.

Con ventaja y superioridad numérica, el Sporting bajó revoluciones y controló el choque sin demasiados sobresaltos. La guinda llegó en un saque de esquina. El balón quedó suelto en la frontal y Guille Rosas, completamente solo, se sacó un disparo colocado para hacer el 3-0 definitivo.

Una victoria cómoda, de las que dan confianza, que permite al Sporting seguir mirando hacia arriba y creer que el Playoff está al alcance.