Sant Just lucha, Mallorca impone: Abdón decide y frena la ilusión

La tarde en L’Hospitalet pesa distinto para Sant Just: cada paso hacia el estadio se siente como cruzar un límite entre lo cotidiano y lo soñado. El modesto equipo catalán, de categoría seis escalones por debajo del rival, llegó a esta eliminatoria con ilusión y trece años de historia tatuada en cada rincón del club.

Desde el pitido inicial, Mallorca mostró profesionalidad; pero Sant Just respondió con perfil alto, con valentía, con el pulso vivo. Jan Antoni fue un resplandor en esos minutos iniciales: se deshizo de defensas, probó vaselinas, asustó a los de arriba.

El momento que marcó el destino llegó en el minuto 24. Palacios, con una entrada alta sobre Morey, vio la roja directa. Sant Just pasó a jugar con diez. Aquel golpe no solo fue numérico: fue simbólico. El estadio pareció contener el aliento.
Pero los de San Just no se hundieron del todo. Con valentía resistieron hasta el descanso, cuando Mallorca aún no había traducido su superioridad en gol. Las rotaciones de Arrasate (Lato fuera por lesión, Salhi dentro) reflejaron que también el Mallorca no estaba como para regalar nada.
Ya en la segunda parte, Abdón apareció. Al minuto 48, con un cabezazo tras un córner —un golpe casi seco, certero— inauguró el marcador. Sant Just, pese al desgaste y la inferioridad numérica, aún soñaba con rozar el empate. Pero el fútbol no entiende de ilusiones solas.
Pasado el minuto 70, Abdón firmó su doblete. Esta vez recogió un balón suelto en el área tras combinación por la banda, aprovechó la indecisión rival y empujó al Mallorca hacia la siguiente ronda.
Ya no hubo respiro. Sant Just acumuló desgaste; Mallorca gestionó el marcador. En los últimos minutos, el portero “Toni” evitó que el resultado fuera aún más amplio. Sant Just marchó vencido, sí, pero con dignidad. Un equipo de barrio había hecho frente a un gigante por más de sesenta minutos.

Cuando el árbitro pitó el final, la grada aplaudió. No por el marcador, sino por el gesto. Para los jugadores del Sant Just, esa ovación fue tanto o más valiosa que la remontada. Sabían que el duelo se decidió con efectividad, pero también que habían ganado algo intangible: legitimidad.









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