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El centrocampista canario, recuperado de su lesión, celebró el título con un ritual muy especial: un penalti lanzado por su padre en el césped. Además, recibió el premio a la mejor asistencia y reafirmó su rol esencial en el esquema de Hansi Flick.

Pedri González volvió a sonreír en Arabia Saudí. Tras superar la molestia en el sóleo que le apartó de los duelos ante Villarreal y Espanyol, el jugador del FC Barcelona fue titular en la semifinal y la final de la Supercopa, donde se erigió como uno de los protagonistas. Su pase milimétrico a Robert Lewandowski en el segundo gol frente al Real Madrid le valió el galardón a la mejor asistencia del torneo, confirmando su visión privilegiada en el centro del campo.

Pero más allá del fútbol, Pedri mantiene viva una tradición familiar que comenzó en el Camp Nou tras la Liga 2022-23 con Xavi Hernández: después de cada título, su padre Fernando le lanza un penalti en el césped, recordando su sueño frustrado de ser portero profesional. Un gesto que refuerza el vínculo entre ambos y que se complementa con la habitual dedicatoria del jugador: el famoso gesto de las gafas tras marcar, símbolo de cariño hacia su progenitor.

En lo deportivo, Hansi Flick confía plenamente en la dupla Frenkie de Jong-Pedri para liderar el centro del campo blaugrana. El técnico alemán considera al canario una pieza indispensable en su proyecto, y la actuación en la Supercopa no hace más que consolidar esa idea. Con títulos, premios y tradiciones, Pedri sigue escribiendo su propia historia en el Barça.