Oviedo 0 RCD Mallorca 0

¿Qué más le puede pasar a este Real Oviedo? Esa pregunta, que sobrevuela cada semana el Tartiere, volvió a encontrar nuevas respuestas en una noche de absoluto desquicio. Los de Carrión, que por momentos fueron mejores que el Mallorca y generaron opciones suficientes para ganar, acabaron el partido con nueve jugadores tras dos expulsiones directas a Santi Cazorla y Fede Viñas. El empate sin goles (0-0) es casi lo de menos: lo verdaderamente preocupante es la sensación de histeria colectiva que rodea a un equipo sin gol, sin victorias y al borde del colapso clasificatorio. El Levante podría dejar a los azules colistas esta misma jornada.
Un arranque prometedor que volvió a quedar en nada
El Oviedo salió bien, incluso muy bien, durante los primeros quince minutos. Llegó con insistencia, acumuló córners y generó la sensación de que, por fin, podía romper su maldición de cara a portería. Pero lo de siempre volvió a aparecer: no hay remate, no hay finalización y cada aproximación se queda a medias. Ni Chaira, ni Viñas, ni los laterales lograron transformar esos buenos minutos en una ocasión realmente limpia.
Mientras tanto, el Mallorca fue creciendo. Jan Virgili, la nueva ilusión bermellona, obligó a Aarón Escandell a sacar una mano milagrosa sobre la línea en el que fue, probablemente, el paradón del partido. Poco después, Samu Costa filtró un balón que dejó al extremo frente al portero, pero definió blando. El peligro era mayor en un área que en la otra y el Tartiere empezaba a contener la respiración.
El guion de siempre: ocasiones, impotencia y un equipo sin gol
El descanso no alteró la dinámica. Raíllo avisó con un cabezazo que rozó el palo y el Oviedo comenzó a desordenarse, atrapado entre su necesidad de marcar y su incapacidad para hacerlo. Carrión movió el banquillo quitando a Ilyas para meter a Hassan, lo que provocó pitos hacia el técnico. Sin embargo, el ’10’ respondió: conducción potente y un disparo que pasó cerca del larguero. Fue el despertar emocional del equipo.
Agarrado a la clarividencia de Cazorla, al empuje físico de Viñas y al desequilibrio de Hassan, el Oviedo empujó como pudo. Centros, rechaces, segundas jugadas… y siempre lo mismo: falta el último toque. Rondón llegó a tener un balón franco dentro del área y lo marró. Nacho Vidal perdonó un gol cantado. Tres córners consecutivos levantaron al Fondo Norte, pero ninguno encontró rematador. Es la rutina de esta temporada: hagas lo que hagas, el gol no llega.
Un final cruel y desquiciante: doble roja y clima de histeria
Y entonces llegó el desenlace que define el momento del club. En el 89’, Cazorla fue abajo ante Muriqi, tocó balón y luego tobillo. Galech Azpeteguia mostró amarilla, pero tras revisar en el monitor la convirtió en roja. Tres minutos después, repitió el patrón con Fede Viñas: falta, balón tocado, decisión revisada y otra roja. El Tartiere estalló como no lo hacía en años: “Corrupción, en la Federación”, coreó la grada entre una bronca monumental.
Con nueve jugadores, el Oviedo sobrevivió como pudo a una última llegada del Mallorca. El 0-0 final no refleja la montaña rusa emocional del partido ni la gravedad del momento.
El hoyo cada vez más hondo
Siete partidos lleva Carrión sin ganar. El equipo no marca, no se levanta y cada jornada que pasa cava un hoyo más profundo. Las expulsiones de dos de sus referentes, Cazorla y Viñas, simbolizan a la perfección el estado actual del Real Oviedo: un club atrapado entre la frustración, la impotencia y el pánico a lo que está por venir.
El Tartiere ya no pide ganar. Pide simplemente que me dejen ganar.








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