Otro ridículo de un Real Oviedo que se cae a pedazos

El Real Oviedo volvió a dar pena lejos del Tartiere. En Sevilla no hubo partido: 4-0, sensación de equipo roto y una imagen que empieza a ser muy difícil de digerir. El millar de oviedistas que estuvo en el Sánchez-Pizjuán lo tuvo claro y acabó pidiendo la dimisión de Luis Carrión. Otra vez.
Se decía que esta temporada iba a ser la de la despedida de Santi Cazorla por los grandes estadios. Y lo está siendo, sí, pero en general para todo el Oviedo. Al final, al oviedismo solo le queda disfrutar del viaje y de la previa, porque cuando empieza el partido ya se sabe lo que toca: sufrir y ver cómo el equipo no da la talla. Pensar en la permanencia cuesta cada jornada un poco más. Lo de Sevilla fue otro golpe más.
Un equipo que no da para más
El once no sorprendió a nadie y el partido tampoco. El Oviedo empezó sin complejos, con un remate de Rondón nada más arrancar, pero duró lo justo. En el minuto 4, pérdida de Rahim en la izquierda, nadie aprieta, nadie tapa y el Sevilla se planta en el área como si nada. Pase por dentro, balón a la espalda de los centrales y Akor Adams hace el 1-0 sin oposición. Lo de siempre.
A partir de ahí, todo fue cuesta abajo. Rahim tuvo una buena ocasión dentro del área, se resbaló y se acabó la jugada. Resume bastante bien lo que es este Oviedo. Para colmo, llegó la acción del VAR: mano clara de Mendy tras una falta lateral, cuatro minutos de espera, el árbitro va al monitor y se inventa una falta en ataque. Nadie entendió nada, pero el penalti no se pitó.
Y cuando el equipo estaba aún digiriendo eso, llegó el 2-0. Saque de banda, nadie defiende, Adams centra y Sow marca casi sin querer. Partido prácticamente acabado antes del descanso. El Oviedo no apretaba, no mordía y no daba sensación de poder hacer daño. El Sevilla jugaba tranquilo, sin ningún tipo de miedo.
La segunda parte no arregló nada
Carrión movió el banquillo y cambió el sistema, pero sobre el césped no cambió absolutamente nada. A los seis minutos, el 3-0. Otra vez mal atrás, otra vez todo tarde, y Mendy marca tras dejar sentado a Costas. Ya era un baño en toda regla, como el de Ourense en Copa.
En la grada visitante, el mensaje fue claro: «Carrión, dimisión». El Sevilla pudo marcar alguno más, pero Escandell evitó una goleada todavía mayor. El Oviedo, mientras, seguía sin ofrecer nada. Ni juego, ni carácter, ni orgullo. Solo Hassan, de vez en cuando, parecía un jugador de Primera.
Un final en la misma línea
Rondón se fue sustituido y llegó otro episodio surrealista: David Carmo vio una amarilla que le permitía cumplir sanción en la Copa África… y un minuto después hizo una entrada por detrás y fue expulsado. Se va sancionado, pero vuelve apercibido. Un lío más en un equipo que no da una.
Para cerrar el desastre, Ejuke hizo el 4-0 en el último minuto sin que nadie le encimara. Nadie defendió. Nadie reaccionó.
Lo de Sevilla no fue un accidente. Es la continuidad de un Real Oviedo sin rumbo, superado en casi todos los campos y que empieza a dar la sensación de no estar preparado para competir en Primera División. Y eso, a estas alturas, ya asusta de verdad.








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