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El fútbol volvió a demostrar su cara más cruel con el Sporting en El Sardinero. El equipo de Borja Jiménez firmó una actuación sobresaliente ante el líder, el Racing de Santander, pero terminó cayendo en el tiempo de descuento en un desenlace difícil de digerir. Una derrota que deja a los rojiblancos prácticamente sin opciones de ‘play off’ pese a haber sido claramente superiores durante muchos tramos del encuentro.

Llegaba el Sporting con urgencias, obligado a ganar para seguir creyendo. Y respondió. Lo hizo con personalidad, valentía y fútbol. Desde el inicio, el planteamiento fue ambicioso, con cambios en el once para refrescar piernas, aunque el guion se torció demasiado pronto. Un despiste defensivo tras la lesión de Kevin Vázquez permitió a Guliashvili adelantar al Racing.

Lejos de venirse abajo, el Sporting reaccionó con carácter. Se adueñó del balón, del ritmo y del partido. Superó al conjunto cántabro en juego y ocasiones, dejando una estadística reveladora: 14 disparos frente a solo tres del rival. Sobre el césped, nombres como Gelabert, Otero, Dubasin o Diego Sánchez marcaron el ritmo de un equipo que rozó la excelencia.

El empate llegó tras el descanso desde el punto de penalti, con Dubasin transformando una mano clara dentro del área. Antes, Gelabert y Otero ya habían tenido oportunidades clarísimas que evitaron el empate antes del descanso. El Sporting merecía más.

Pero el fútbol no entiende de merecimientos. Con el paso de los minutos, el esfuerzo empezó a pasar factura. El equipo perdió frescura y el banquillo no logró mantener el nivel. El Racing, sin brillo, se mantuvo con vida.

Y en el descuento llegó el golpe definitivo. Villalibre aprovechó dos errores para sentenciar un partido que el Sporting había dominado durante más de 80 minutos. Un castigo excesivo para un equipo que dio la cara cuando más lo necesitaba.

Más allá del resultado, la imagen invita a la reflexión. La falta de fondo de armario y el desgaste de los titulares evidencian carencias en la planificación. Aun así, este Sporting compitió con orgullo y dignidad hasta el final. Aunque esta vez, el fútbol no tuvo piedad.