El Zaragoza sigue cavando su tumba, Zaragoza-Eibar (1-1)

El Ibercaja Estadio no intimida y el equipo vuelve a fallar cuando más lo necesita.
El Real Zaragoza reincidió en su deprimente costumbre como local y firmó un empate que sabe a derrota frente al Eibar. Un punto que no arregla nada y que confirma que el conjunto aragonés avanza, sin freno ni respuestas, hacia el abismo. Solo una victoria en los últimos nueve partidos, dos meses sin ganar en casa y apenas dos triunfos en La Romareda en toda la temporada. Los números no engañan: son de descenso.
El Zaragoza juega con fuego desde hace demasiado tiempo y empieza a dar la sensación de que ya ni siquiera es consciente del peligro. No gana a nadie, no transmite nada y tampoco encuentra refugio en las excusas. Ni las bajas, ni el mercado de invierno, ni la aritmética del “sumar de uno en uno” sirven ya como coartada. No hay margen. Lo hecho hasta ahora explica con crudeza la situación actual: el equipo está donde está por deméritos propios.
Un gol que despertó la fe… por un rato
El Zaragoza se adelantó incluso antes de merecerlo. Lo hizo por una de las dos únicas vías que hoy parecen posibles para este equipo: el balón parado. Róber botó un saque de esquina y El Yamiq, imperial en el salto, cabeceó a la red para desatar la euforia en la grada y alimentar la fe en lo imposible. El tanto liberó, por momentos, al equipo, que jugó con menos miedo y encontró espacios al contragolpe.
Francho estuvo cerca del segundo tras una buena transición conducida por Cuenca, pero Magunagoitia evitó el gol y el descanso llegó con una sensación engañosa de esperanza. La Romareda soñaba, aunque fuese de puntillas.
Otro error, otro castigo
Beñat San José movió ficha en el descanso con la entrada de Garrido. Sellés, en cambio, se vio obligado a hacerlo pronto por la enésima lesión, la de Čumić, sustituido por Sebas Moyano. Y el partido empezó a torcerse. El Zaragoza volvió a regalar lo que no tiene: seguridad.
El empate del Eibar llegó tras una acción mal defendida, culminada con un error grave de El Yamiq y una alarmante pasividad en las ayudas. El golpe devolvió a La Romareda a su estado habitual: miedo, inseguridad, desconfianza y la certeza de que cualquier fallo es mortal.
Empuje final sin premio
Sellés recurrió a Agada, Soberón y Akouokou, incluso sacrificando a Róber, el jugador con más criterio del partido. El Zaragoza empujó más con corazón que con cabeza. Moyano rozó el gol a balón parado, El Yamiq estuvo cerca de redimirse con un cabezazo al poste y Soberón tuvo la ocasión más clara con un disparo a bocajarro que salvó el meta armero desde el suelo.
No dio para más. Otro empate, otra oportunidad perdida y otro paso hacia un destino cada vez más oscuro. El déficit físico y técnico del equipo es evidente y la sensación de impotencia, insoportable. A este ritmo, ni los milagros ni la Pilarica bastarán para evitar un desenlace que empieza a parecer inevitable.
Ficha técnica
Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Saidu, El Yamiq, Larios; Mensah, Tachi; Róber González, Francho Serrano, Čumić; Marcos Cuenca.
También jugaron: Sebas Moyano, Agada, Mario Soberón, Akouokou, Radovanović.
Eibar: Magunagoitia; Cubero, Nolaskoain, Arbilla, Moreno; Olaetxea, Sergio Álvarez, Madariaga; Adu Ares, Guruzeta, Javi Martón.
También jugaron: Garrido, Jon Bautista, Javi Martínez, Álvaro Rodríguez, Magunazelaia.
Goles: 1-0 El Yamiq (26’); 1-1 El Yamiq, en propia puerta (55’).
Árbitro: Lluís Bestard Servera








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