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Diego Sánchez seguirá escribiendo su historia en el Sporting hasta 2029. Una historia que no empezó ayer, ni cuando debutó en el primer equipo en 2022, sino mucho antes: en aquellos días de fútbol inocente, cuando un niño avilesino llegaba a Mareo con la camiseta demasiado grande y los sueños aún más.

Porque Diego no es solo un futbolista que renueva. Es un hijo de la Escuela. Un chico que entró en Mareo siendo benjamín y que, año tras año, campo tras campo y categoría tras categoría, se ganó cada paso con trabajo, humildad y un sentimiento rojiblanco que creció con él. El Sporting lo define como “un ejemplo sportinguista desde su primer día en la Escuela”, y no es una frase hecha: resume lo que él significa para la afición y para la identidad del club.

Hoy, ese niño que un día llegó desde el CD Los Campos firma hasta 2029 como un jugador consolidado, con 92 partidos en su mochila, dos goles, cuatro asistencias y un impacto cada vez mayor tanto de central como en el lateral izquierdo. Pero lo más importante no está en los números: está en todo lo que representa.

Renovar a Diego es renovar una filosofía. Es proteger la esencia de Mareo. Es recordar que, a veces, los mayores tesoros del club se forman en silencio entre semana, en esos campos donde los sueños empiezan con 8 o 9 años.

Por eso esta renovación no es solo un acuerdo contractual: es la celebración de un camino, de un compromiso y de una identidad. Diego Sánchez seguirá vistiendo la camiseta del Sporting, pero, sobre todo, seguirá defendiendo la idea de que el sentimiento también se entrena. Y Diego lo lleva entrenando desde benjamines.