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Había que ganar. Sin excusas, sin peros, sin mirar a otro lado. Después de más de dos meses sin saborear una victoria en liga, el Real Oviedo recibía a un Cacereño que era mucho más que un rival: era el equipo que marcaba la permanencia. Un duelo que parecía una final en noviembre, de esos que tienen más nervio que juego, más corazón que tranquilidad. Y el Oviedo salió decidido a no fallar. Ganar era obligatorio… y lo hizo.

El partido comenzó acelerado. A los tres minutos, ADT se escapó sola, regateó a la portera y marcó, pero el gol no subió al marcador por fuera de juego. La grada se quedó con el grito atragantado. No tardó en llegar el susto del Cacereño y el encuentro empezó a transformarse en una batalla de golpes, sin dueño claro y con un Oviedo que sufría para tener el balón.

Pero hay días en los que el fútbol no necesita belleza, solo eficacia. Y el Oviedo la encontró en lo que mejor le funcionó: las jugadas a balón parado. Lombardero puso una falta al área y Laurina, con un toque suave, hizo el 1-0. El Requexón explotó. Sin embargo, la alegría duró nada: tres minutos. En un córner, Cora Jiménez empató para las extremeñas. Un jarro de agua fría. Pero el equipo asturiano tenía rabia acumulada, ganas de gritar. Otro córner, varios rebotes y Marina Martín soltó un derechazo que puso el 2-1. Gol de coraje. Gol liberador.

La segunda parte fue sufrir. El Cacereño se lanzó a por el empate, encerró al Oviedo y llegó la acción que pudo romperlo todo: penalti en contra. Acedo lo tiró… pero Laura Martínez lo paró. Heroína absoluta. Y no fue solo eso: sacó una falta peligrosa, luego un cabezazo increíble. Tres paradas que valen tres puntos.

El final fue de nervios, balones colgados y uñas comidas en la grada. El Oviedo defendió como si cada segundo valiera su futuro. Y así fue. Cuando sonó el pitido final, la celebración no fue solo por ganar: fue por volver a creer.

Tres puntos, sí, pero con mucho más dentro: alivio, unión, orgullo. El Oviedo necesitaba un impulso y lo encontró. Este equipo puede. Este equipo quiere. Y hoy, por fin, lo demostró.