El Real Oviedo sale todavía más hundido del Sadar

El Real Oviedo volvió a marcharse de vacío, pero esta vez duele más por cómo fue. Los carbayones cayeron por 3-2 en El Sadar ante Osasuna en un partido en el que hicieron muchas cosas bien, se adelantaron por dos veces en el marcador y compitieron de tú a tú en un escenario complicado, pero acabaron pagando caro sus errores defensivos y, sobre todo, una actuación arbitral difícil de digerir.
El equipo de Guillermo Almada salió serio, sin complejos y con un plan claro. No fue un Oviedo brillante, pero sí reconocible, solidario y competitivo. De hecho, los azules golpearon primero. Tras varios avisos, un saque de esquina jugado en corto terminó con un gran centro de Hassan y un cabezazo impecable de Viñas para poner el 0-1. El premio parecía justo.
Poco después de ese gol penalti no pitado a Chaira, penalti que como recalcaba Almada en rueda de prensa fue pitado ayer en el Espanyol – Girona. El técnico azul reclamaba el saber porque ese tipo de jugadas se pitaban según el partido que fuese.
El problema, una vez más, estuvo atrás. El Oviedo defendió mal el juego aéreo y lo pagó caro. Budimir, tras un primer gol anulado por ayudarse del brazo, acabó empatando antes del descanso ganando la partida en el salto. Demasiado fácil para un equipo que se juega la vida.
Tras el paso por vestuarios, el Oviedo dio un paso al frente. Fue su mejor momento del partido. Generó ocasiones, tuvo llegadas claras y volvió a ponerse por delante gracias a un zurdazo de Reina tras otra acción a balón parado. Con el 1-2, los carbayones acariciaban un triunfo que necesitaban como el comer.
Pero la historia volvió a repetirse. Otra vez el balón parado, otra vez Budimir, y otra vez la sensación de que el partido se escapaba por errores evitables. El 2-2 dejó tocado al Oviedo, aunque lo peor estaba aún por llegar.
Con empate en el marcador, una mano clarísima de Boyomo tras un remate de Viñas parecía penalti de manual. El árbitro señaló saque de puerta, el VAR le llamó, fue a verlo al monitor… y decidió no pitar nada. Una decisión incomprensible que encendió al oviedismo y que pudo cambiar el desenlace del partido.
Ya en el descuento, cuando el Oviedo todavía intentaba recomponerse del golpe, llegó el mazazo definitivo. Un balón suelto en el área terminó con Víctor Muñoz clavándola a la escuadra para hacer el 3-2 y dejar a los azules otra vez con cara de incredulidad.
El Oviedo perdió, sí. Y los errores propios pesan. Pero también queda la sensación de que el equipo compitió, estuvo vivo y mereció más. Entre fallos defensivos y decisiones arbitrales difíciles de explicar, los carbayones se marcharon de Pamplona muy tocados… y con la amarga sensación de que, una vez más, el fútbol no fue justo con ellos.








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