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El Santiago Bernabéu empieza a asumir con resignación que LaLiga se escapa y que el único salvavidas competitivo del Real Madrid pasa ya por la Champions League. El conjunto blanco firmó un nuevo tropiezo liguero ante el Girona (1-1), en un partido gris, sin continuidad futbolística y con escasa personalidad competitiva, que volvió a dejar señales preocupantes a las puertas de su compromiso europeo en Múnich.

El equipo de Arbeloa salió con energía y voluntad de resolver pronto, dominador en el arranque y con una propuesta ofensiva marcada por la libertad de movimientos de su tridente atacante. Sin embargo, el dominio territorial apenas se tradujo en ocasiones claras. El Girona, ordenado y competitivo, también amenazó con una llegada peligrosa de Ounahi que obligó a intervenir a Lunin. Brahim fue el futbolista más activo en el frente ofensivo madridista, mientras Mbappé y Vinicius aparecieron de forma intermitente en una primera mitad de nuevo insuficiente del conjunto blanco.

Tras el descanso, el Madrid encontró premio en una acción individual de Valverde, que rompió el equilibrio con un potente disparo lejano en el que Gazzaniga pudo hacer más. El tanto pareció abrir el escenario ideal para los locales, que disfrutaron de varias oportunidades para sentenciar, pero volvieron a mostrar una preocupante falta de contundencia en los metros finales.

La falta de eficacia terminó penalizando a los blancos. Cuando el partido parecía controlado, Lemar aprovechó un desajuste defensivo para firmar el empate con un gran disparo desde la frontal que sorprendió a Lunin tras tocar en Camavinga. El gol descompuso al Madrid, incapaz desde entonces de recuperar el control del encuentro y más cerca por momentos de encajar el segundo que de buscar la victoria.

La polémica arbitral llegó en el tramo final con una acción sobre Mbappé dentro del área que el conjunto blanco reclamó como penalti y que ni Alberola Rojas ni el VAR consideraron punible. Una decisión que encendió al Bernabéu, aunque no sirvió para ocultar la realidad futbolística de un equipo desconectado y sin respuesta.

El empate deja al Real Madrid prácticamente despedido de la pelea por LaLiga y aumenta la sensación de que toda la temporada se jugará en Europa. En el Bernabéu ya no basta con el escudo ni con el talento: el equipo necesita fútbol, carácter y una reacción inmediata si quiere evitar que el curso termine en vacío.