El Oviedo se descose en Vallecas y se mete en un problema serio

El Real Oviedo salió de Vallecas derrotado, superado y con la sensación de haber dado un paso muy peligroso hacia atrás. El 3-0 frente al Rayo Vallecano no solo refleja una diferencia clara sobre el césped, sino también un partido que empezó torcido mucho antes del pitido inicial y que terminó confirmando uno de los peores desempeños del equipo desde que Guillermo Almada asumió el banquillo azul.
La historia de esta cita no comenzó el día del partido. El encuentro debía haberse disputado semanas atrás, pero el cambio de césped decidido por el club madrileño obligó a aplazarlo. El Oviedo recurrió la nueva fecha sin éxito y tuvo que adaptarse a un contexto incómodo. Además, el aplazamiento permitió que futbolistas del Rayo que no habrían podido jugar en la fecha original sí estuvieran disponibles. Un detalle más en una tarde cargada de tensión.
El ambiente tampoco ayudaba. La grada de Vallecas vivía su propia batalla, con pitidos dirigidos al presidente local en el minuto 13 y una evidente frialdad en el palco. Sobre el césped, el terreno irregular y resbaladizo condicionaba controles y apoyos. Pero el Oviedo no puede escudarse solo en eso. El Rayo se adaptó mejor. Y compitió mejor.
Desde el primer minuto se vio a un conjunto madrileño más intenso, más decidido y con mayor claridad en campo contrario. El Oviedo intentó mantener su estructura habitual, con cuatro defensas, doble pivote y tres hombres por delante del balón, pero apenas logró continuidad en el juego. Las imprecisiones fueron constantes y el equipo se partía con facilidad.
Las primeras ocasiones cayeron del lado local. Un disparo cruzado que rozó la escuadra, un mano a mano salvado por Aarón Escandell y otro intento que obligó al guardameta a intervenir. El Oviedo apenas inquietó. Una llegada aislada sin rematador fue lo más reseñable en ataque durante el primer tiempo.
El golpe definitivo antes del descanso terminó por confirmar la sensación de vulnerabilidad. En el minuto 44, tras un disparo lejano que Aarón no logró blocar con firmeza, el rechace quedó muerto en el área. Jorge de Frutos apareció solo para empujar el balón a la red. La defensa azul quedó descolocada, mirando la jugada sin reaccionar. El 1-0 fue un mazazo anímico en el peor momento posible.
Guillermo Almada intentó cambiar el rumbo tras el descanso. Dio entrada a Santi Cazorla y a Thiago Fernández buscando pausa y creatividad. Pero el plan se desmoronó casi de inmediato. A los pocos minutos, una acción dentro del área terminó en penalti sobre Álvaro García. El árbitro lo señaló sin dudar y el VAR lo confirmó. De Frutos convirtió el segundo con seguridad. El partido se ponía muy cuesta arriba.
El Oviedo necesitaba cabeza fría, pero perdió orden. Adelantó líneas sin equilibrio y dejó espacios. En una pérdida en campo propio llegó el tercero. Transición rápida del Rayo, primer disparo rechazado por Aarón y, en el rebote, Álvaro García sentenció. 3-0 y media hora por delante que se hizo eterna.
El tramo final dejó algún intento aislado. Borbas rozó el palo tras una buena asistencia interior y hubo un disparo lejano que obligó al portero local a intervenir. Demasiado poco y demasiado tarde. El Rayo incluso pudo ampliar la ventaja en alguna contra más.
El Oviedo se marchó sin puntos y sin argumentos. Fue inferior en intensidad, en precisión y en personalidad. La derrota no solo duele por el resultado, sino por la imagen ofrecida. En un momento clave de la temporada, el equipo no dio la talla.
Vallecas fue un escenario incómodo por muchas razones, pero el fútbol se decidió dentro del campo. Y ahí el Real Oviedo estuvo lejos de lo que exige la pelea por la permanencia. Ahora no queda otra que reaccionar. Porque cuando el margen se estrecha, cada tropiezo pesa el doble.








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