El Oviedo aprieta los dientes y tumba al Sevilla

El Real Oviedo sigue muy vivo. No le sobra nada, pero tampoco se esconde. Y en una tarde espesa, de fútbol áspero y pocas luces, encontró lo que más necesitaba: una victoria. Fue por 1-0 ante el Sevilla, con otro zarpazo de Fede Viñas y con ese punto de coraje que empieza a definir a los de Almada en este tramo final.
El partido arrancó como tantas veces esta temporada en el Tartiere: ritmo bajo, pocas ideas y sensación de atasco permanente. Ni Oviedo ni Sevilla encontraban la forma de hacer daño. El conjunto andaluz, en el debut de Luis García Plaza, apostó por esperar en campo propio, mientras que los azules asumían el balón sin demasiada claridad.
Durante media hora apenas pasó nada. Algún susto aislado, centros sin rematador y muchas imprecisiones. Un encuentro de esos que se juegan más con paciencia que con inspiración. Pero en este tipo de escenarios, el Oviedo ha aprendido a sobrevivir.
Y entonces apareció Viñas. Córner desde la izquierda, centro medido y cabezazo contundente del uruguayo para abrir el marcador. Su séptimo gol del curso, otro más en una temporada en la que se ha convertido en el principal argumento ofensivo del equipo.
El partido dio un giro definitivo pocos minutos después. Nianzou se durmió en la salida de balón, Viñas le robó la cartera y cuando encaraba portería fue derribado. Roja directa. El Sevilla se quedaba con diez antes del descanso y el Oviedo tenía el escenario que tantas veces se le había negado.
Lejos de desordenarse, el equipo de Almada dio un paso adelante. Tuvo opciones para hacer el segundo, pero volvió a aparecer ese problema recurrente en los últimos metros. Falta de precisión, de colmillo, de ese último toque que cierre los partidos.
Tras el descanso, el Sevilla intentó reorganizarse, pero apenas inquietó. El Oviedo, sin hacer un partido brillante, supo manejar los tiempos. No sufrió en exceso y encontró en los cambios algo de aire fresco. Santi Cazorla aportó pausa y criterio, mientras que Hassan puso velocidad en los metros finales.
El paso de los minutos fue jugando a favor de los locales, aunque siempre con ese runrún de que el partido seguía abierto. Y así fue hasta el final. Una falta peligrosa para Gudelj en el tramo decisivo encogió al Tartiere, pero el disparo se marchó lejos de la portería de Aarón.
No hubo tiempo para más. El pitido final desató el alivio en la grada y confirmó una victoria tan trabajada como necesaria. El Oviedo suma su segundo triunfo seguido en casa y se agarra a la permanencia, ahora a siete puntos, cuando el margen de error ya es mínimo.
No fue el mejor partido, pero sí uno de los más significativos. Porque este equipo, con todas sus limitaciones, ha decidido competir hasta el final. Y en días como este, eso vale tanto como el propio resultado.








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