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No hay margen de error. El Real Oviedo se presenta este sábado en el Ciutat de Valencia (18:30 horas) con la necesidad imperiosa de ganar. En el tramo más exigente del curso, cada partido se ha convertido en una final y el margen para reaccionar se estrecha jornada a jornada.

El equipo de Guillermo Almada llega condicionado por las bajas. Luka Ilic, Dendoncker, Lucas Ahijado, Borbas y Ovie Ejaria no estarán disponibles, una situación que reduce las opciones de un plantel que ya trabaja al límite. Aun así, el técnico uruguayo no quiere excusas y apela al compromiso del grupo: “El partido del sábado es trascendental, este y todos los que vienen. Cada partido que pasa es más importante que el anterior”.

Más allá de las ausencias, el Oviedo necesita dar un paso adelante en lo futbolístico. El equipo ha dejado tramos competitivos en las últimas semanas, pero le falta continuidad. Almada lo tiene claro: “Hay que acercarnos a nuestros mejores momentos de juego, eso nos facilitará optar a la victoria”. La clave estará en sostener el nivel durante los 90 minutos y evitar desconexiones que puedan costar puntos.

El rival será un Levante con argumentos y talento, pero también con puntos débiles. El técnico azul destacó que los granotas tienen una idea de juego muy definida y jugadores en buen momento, aunque también subrayó que, al igual que el Oviedo, les cuesta cerrar los partidos. Un detalle que puede resultar decisivo en un duelo que se prevé muy igualado.

Almada también quiso restar dramatismo al resultado, aunque sin perder de vista la importancia del choque: “No pienso que no ganar el sábado signifique descender, pero por mi cabeza solo pasa ganar”. El mensaje es claro: confianza en el proceso, pero máxima ambición en el presente.

Enfrente, el Levante buscará hacerse fuerte en casa, pero el Oviedo sabe que este tipo de partidos son los que marcan el destino de una temporada. “Los partidos ante los de abajo son trascendentales”, recordó el técnico uruguayo.

Con todo, el conjunto carbayón afronta el encuentro con una mezcla de urgencia e ilusión. Porque una victoria no solo supondría sumar tres puntos, sino también un impulso anímico clave para afrontar lo que viene. En juego no está solo el resultado, sino la oportunidad de seguir creyendo.