EL LEÓN SIGUE VIVO

El Real Zaragoza vence a domicilio al Éibar y cosecha la segunda victoria consecutiva para reconducir el camino en la era de Sellés(1-2)
El Real Zaragoza aterrizó en Ipurúa con la idea clara de Eduardo Sellés: ser competitivo, ser valiente y salir a dominar. Y durante el primer cuarto de hora, el plan se cumplió al pie de la letra. El equipo aragonés se adueñó del balón, hilvanó combinaciones con criterio y se instaló en campo rival robando alto, aunque sin traducir su superioridad en ocasiones claras. La ausencia de colmillo dio vida a un Eibar que, al sentirse asfixiado, comenzó a rebelarse. El duelo se rompió definitivamente cuando los locales reclamaron unas manos inexistentes de Saidu y el defensa, en plena confusión, terminó viendo una amarilla que sería el preludio de un caos aún mayor.
El mazazo del 1-0 y la temprana expulsión
A partir del minuto 15, el Eibar activó su versión de equipo poderoso en casa: intensidad, centros laterales y presión feroz. El Zaragoza, que había controlado el ritmo, empezó a sufrir. El 1-0 cayó como un jarro de agua fría y, apenas unos minutos después, llegó el golpe que parecía definitivo: expulsión en el minuto 25 y lesión del único central del primer equipo disponible. El escenario se tornó dramático. Con inferioridad numérica y un defensa menos, y frente a un rival invicto en su fortín, el partido se presentaba como una misión imposible.
Sufrimiento, carácter y una remontada para creer
Pero en la dificultad nació el verdadero Zaragoza. El equipo se replegó, ajustó líneas y se armó de orgullo. Con un arbitraje cuestionado por Fuentes Molina que crispó el ambiente, los blanquillos resistieron cada embestida, aguantaron cada balón colgado y cada choque. Y cuando el partido parecía condenado a la lógica, surgió la épica: una contra bien trenzada, un remate de fe y un empate que encendió a todo el zaragocismo. El león no solo rugió: mordió.
A partir de ahí, Ipurúa asistió a un ejercicio de supervivencia memorable. Con uno menos, con improvisación en la zaga y con un rival volcado, el Zaragoza sacó petróleo de cada transición. Y en una de ellas llegó el milagro: el 1-2 definitivo, un gol nacido del coraje, la convicción y el alma de un equipo que se negó a morir.
Una victoria monumental que endereza el rumbo del equipo maño
El pitido final selló una de las victorias más épicas del Zaragoza en los últimos años. Tres puntos de locura, de resistencia y de orgullo puro. Sellés pidió competitividad y personalidad: su equipo le respondió con un partido para enseñar en cualquier vestuario.
En Ipurúa, el Zaragoza no solo ganó. Resucitó. Y lanzó un mensaje rotundo: no den por muerto al león.
Ficha técnica:
SD Eibar: Magunagoitia, Cubero (Álvaro, min. 46), Peru, Marco Moreno (Javi, min. 46), Aleix Garrido, Sergio Álvarez (Alkain, min. 46) , Toni Villa (Javi Martínez, min. 74), Corpas, Martón, Bautista.
Real Zaragoza: Andrada, Insua (Gomes, min. 18), Saidu, Pomares, Aguirregabiria, Keidi Bare (Toni Moya, min. 78), Guti, Valery (Tasende, min. 68), Francho Serrano, Soberón (Juan Sebastián, min. 68), Kodro (Bakis, min. 78).
Goles: 1-0 (Nolaskoain, min. 23), 1-1 (Soberón, min. 31), 1-2 (Sinan Bakis, min. 82)
Árbitro: Andrés Fuentes amonestó a Cubero (min. 17), Toni Vila (min. 28), Sergio Álvarez (min. 34), Marco Moreno (min. 42), Alkain (min. 89), Bautista (min. 92) en la SD Eibar. En el Real Zaragoza expulsó a Saidu (min. 25 por doble amarilla), amonestó a Pomares (min. 76) y Andrada (min. 81).








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