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El Athletic Club se quedó a las puertas de la final de la Copa del Rey tras caer ante la Real Sociedad en una semifinal marcada por la polémica y por la falta de acierto rojiblanca en los momentos clave. El equipo de Ernesto Valverde compitió, empujó y tuvo sus opciones, pero un penalti transformado por Mikel Oyarzabal tras una acción sobre Yangel Herrera terminó por decidir la eliminatoria.

El Athletic salió decidido a mandar. Su primera llegada fue toda una declaración de intenciones: centro medido de Iñaki Williams y cabezazo de Berenguer que se marchó fuera por centímetros. Poco después, Sancet puso otro balón peligroso al corazón del área que no encontró rematador. Los rojiblancos querían imponer ritmo, intensidad y presencia en campo rival.

Aunque la Real fue equilibrando el duelo con el paso de los minutos, el Athletic no perdió la cara al partido. Padilla respondió con seguridad cuando fue exigido y la zaga sostuvo los intentos locales. Antes del descanso, los de Valverde volvieron a rozar el gol en una acción embarullada tras envío de Iñaki Williams que ni Sancet ni Guedes acertaron a culminar. Faltó precisión, no intención.

En la segunda mitad, el Athletic mantuvo su ambición. Iñaki Williams volvió a ser el faro ofensivo, atacando el área y generando desequilibrios constantes. Sancet tuvo la ocasión más clara al plantarse ante Marrero, pero la acción se diluyó entre la falta de puntería y la intervención defensiva. Valverde movió el banquillo buscando más presencia y verticalidad, dando entrada a Ruiz de Galarreta, Areso y Robert Navarro para agitar el partido.

El empuje rojiblanco se tradujo en centros laterales, córners y disparos desde la frontal, como el de Berenguer, que salió ligeramente cruzado. La sensación era que el Athletic estaba vivo, que el gol podía caer de su lado en cualquier momento. Sin embargo, en una acción aislada, el VAR llamó al colegiado por un posible agarrón en el área visitante. La decisión de señalar penalti desató las protestas del conjunto bilbaíno y de la grada.

Desde los once metros, Oyarzabal no perdonó. El 0-1 fue un golpe durísimo para un Athletic que había competido con personalidad y que nunca dejó de creer. Pese al mazazo, el equipo siguió intentándolo hasta el final, pero el tiempo y la falta de acierto le negaron la remontada.

El Athletic cae con la sensación de haber estado en la pelea hasta el último instante, castigado por los detalles y por una acción que marcará el debate. La final será para la Real ante el Atlético de Madrid, mientras los rojiblancos se quedan con el orgullo de haber luchado sin rendirse.