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El empate en Vallecas dejó una historia de resistencia, carácter y competitividad del Athletic Club, que supo sostenerse cuando el partido parecía inclinarse con claridad hacia el Rayo Vallecano y reaccionar con personalidad en el momento justo.

El ambiente previo, cargado de reivindicación en los alrededores del estadio, empujó a un Rayo intenso desde el inicio. El conjunto rojiblanco, en cambio, tardó en asentarse. Durante la primera media hora le costó encontrar fluidez, precisión y profundidad. El equipo de Ernesto Valverde se mostró plano en la circulación y sin apenas presencia en el área rival, lo que permitió a los vallecanos crecer y sentirse dominadores.

El premio local llegó en el minuto 34, cuando Jorge de Frutos culminó una buena acción por banda tras una internada de Álvaro. El tanto fue revisado por un posible fuera de juego que finalmente no existía. El Athletic encajaba así en su momento más incómodo, superado en ritmo y sensaciones. Antes del descanso, De Frutos volvió a marcar con una delicada vaselina, pero esta vez partía en posición antirreglamentaria y el gol fue anulado. Ese detalle resultó clave: el Athletic se marchó al vestuario con vida.

La segunda parte comenzó con una declaración de intenciones. Valverde introdujo a Álex Berenguer, sin minutos desde el primer día de febrero, y el extremo transformó su primer contacto con el balón en una asistencia perfecta. Iñaki Williams hizo el resto con una definición brillante para empatar el encuentro. En una sola acción, el Athletic cambió el tono del partido. Recuperó energía, verticalidad y, sobre todo, confianza.

El duelo se abrió y ganó intensidad, aunque quedó condicionado por la aparatosa luxación en el brazo derecho de Iñigo Ruiz de Galarreta. La imagen del centrocampista, retorciéndose de dolor sobre el césped, enfrió el ambiente y obligó al equipo a reajustar su estructura en el centro del campo. Lejos de descomponerse, el Athletic se reordenó y reforzó su compromiso defensivo.

El Rayo siguió insistiendo y llegó incluso a marcar de tacón por medio de Pathé Ciss, pero el tanto fue anulado por fuera de juego. En ese tramo final, el conjunto bilbaíno mostró oficio, concentración y capacidad de sufrimiento. No renunció a salir cuando pudo, pero entendió que el partido exigía firmeza atrás y solidaridad colectiva.

Puede que no fuera la actuación más brillante del Athletic, especialmente en una primera mitad en la que estuvo por debajo de su nivel habitual, pero sí fue una muestra de madurez competitiva. Supo resistir cuando el Rayo era mejor, aprovechó su oportunidad con contundencia y defendió el resultado con carácter. En un estadio exigente y ante un rival intenso, el Athletic volvió a demostrar que también sabe sumar desde la resistencia.