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El 2025 quedará grabado para siempre en la memoria del Real Oviedo y de su gente. No fue solo un año de fútbol; fue un año de reencuentros, cicatrices cerradas y sueños cumplidos. Un año en el que el oviedismo volvió a sentirse grande.

Tras décadas de espera, de caídas y de resistencia, el Oviedo regresó al lugar del que nunca debió salir. El ascenso a Primera División no fue solo una victoria deportiva: fue un premio a generaciones enteras que nunca dejaron de creer. Padres, hijos y abuelos se abrazaron en el Carlos Tartiere recordando noches de barro, de tercera y de supervivencia. Esta vez, las lágrimas fueron de alegría.

El Tartiere volvió a latir como en sus mejores tiempos. Cada partido fue un acto de fe, cada gol una liberación, cada pitido final una historia compartida. Y en medio de todo, figuras que simbolizaron lo que es el Oviedo: compromiso, orgullo y pertenencia. Especialmente Santi Cazorla, ovetense y oviedista, cuyo protagonismo fue mucho más que futbolístico: fue emocional, casi espiritual.

El regreso a Primera también trajo golpes de realidad. La élite no perdona y el Oviedo sufrió. Hubo dudas, resultados adversos y decisiones dolorosas. Cambios en el banquillo, salidas de jugadores y una afición exigente, sí, pero siempre presente. Porque el oviedismo sabe de sufrir, pero también de acompañar.

El 2025 no fue perfecto, pero fue auténtico. Fue el año en el que el Real Oviedo volvió a sentirse vivo entre los grandes, recordándose a sí mismo que su historia pesa, que su gente empuja y que su escudo nunca se rinde.

Más allá de clasificaciones y números, 2025 fue el año en el que el Oviedo volvió a casa.

El Oviedismo cerró este histórico año de la mejor manera. Fondo Norte y APARO se encargaron de reunir a más de 100 ex futbolistas que pasaron por el Real Oviedo y dejaron su sello marcado para siempre. Un evento perfecto para esos Oviedistas que nunca abandonaron.