Cuando la rivalidad se sale del campo: incidentes en el Aviles-Ferrol

El duelo entre el Real Avilés Industrial y el Racing de Ferrol siempre tiene algo especial. Son dos clubes con solera, aficiones fieles y una rivalidad marcada por los desplazamientos y el orgullo de camiseta.
En Avilés, el ambiente previo al partido era el esperado: colorido, ruido y ganas de fútbol.
Sin embargo, minutos antes del inicio, una minoría de ultras de ambos equipos protagonizó un enfrentamiento en las inmediaciones del estadio que obligó a intervenir a la Policía y dejó destrozos en la terraza de un bar cercano.
Las consecuencias, importantes destrozos en el mobiliario de la terraza del bar avilesino El Capricho de Ana, situado en la calle Ramón y Cajal. «Cada vez que hay partido tenemos miedo de que ocurra algo así, porque estos aficionados del Avilés tienen su sede en el bar de al lado, y esta vez pasó. Yo lo vi desde dentro del bar, porque aún no había abierto, y por fortuna duró pocos minutos», relataba Ángel Muñiz, propietario del establecimiento afectado.
Un episodio breve, pero suficiente para empañar la previa de un partido que debía ser solo fútbol.
Por suerte, el incidente no pasó a mayores y el protagonismo volvió al césped. Porque ni la afición racinguista, acostumbrada a viajar y animar sin descanso, ni la hinchada del Avilés se sienten representadas por estos hechos.
La rivalidad entre Ferrol y Avilés es intensa y forma parte del encanto del fútbol del norte. Pero su sitio está en la grada y en el campo, nunca en la calle.








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