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El regreso de la Grada d’Animació al FC Barcelona vuelve a quedarse en el aire. El esperado espacio de animación del nuevo Camp Nou no será reabierto inmediatamente: su activación se retrasa por decisión del club, que ha rechazado las propuestas planteadas por los grupos de aficionados.

Estos colectivos —como Almogàvers, Nostra Ensenya, Front 532 y Supporters Barça— han alzado la voz en contra de las condiciones exigidas por la directiva para su inclusión en la nueva grada. Las restricciones incluyen criterios de edad, compromiso de asistencia mínima a los partidos y otros requisitos considerados estrictos por los seguidores. Estas condiciones ya habían generado polémica previamente. 

Por su parte, el club ha defendido que la nueva grada destinada a animación —llamada Gol 1957— tendrá una capacidad limitada (1.247 butacas) y solo estará disponible para socios muy concretos, lo que ha sido interpretado como una medida “muy restrictiva” por parte de los aficionados más veteranos o con experiencia en la grada de animación tradicional. 

El choque lejos de resolverse: los grupos vetados se niegan a abonar las sanciones que el Barça les reclama, mientras que la directiva mantiene su postura inamovible. Esta tensión resulta especialmente significativa en un momento clave: con el retorno al Camp Nou cada vez más próximo, muchos temen que la grada de animación no recupere su esencia ruidosa y participativa, sino que quede reducida a un espacio simbólico. 

El retraso en el acuerdo no es solo deportivo, sino también institucional. La falta de consenso entre ambas partes pone en riesgo uno de los pilares del ambiente culé: el pulso entre club y afición, en un momento en que el Espai Barça y la remodelación del estadio se convierten en una nueva etapa para el barcelonismo.